Hoy día y sin importar la edad, trata de tú a
toda la gente que trabaja en su establo. Mismo trato para el joven
vaquero de 18 años que para el septuagenario velador del establecimiento.
Con el tú que ofrece como trato y el usted que
exige para él mismo, abisma la distancia entre empleador y empleado.
Marca una humillante diferencia de estatus que no admitirá réplica,
confianza o compañerismo alguno. Fórmula verbal que, intencionalmente
usada, dejará claro hasta el exceso quién es la autoridad
y quién el subordinado. Una manera de marcar “categorías”:
uno es lo que es y ustedes son lo que son, nunca iguales.
Respeto impuesto y no ganado, apuntalado en capacidad económica,
influencia social o peso político, que tienen más de ortopedia
para una vacilante autoestima, que de auténtica valía personal.
Similar estrategia es usada con el profesional veterinario o con el
proveedor de otros servicios necesarios. Una manera de decir: “ Tal vez
sabes más, pero yo doy el cargo. Por eso mando, y porque necesito
afirmarlo es que extiendo el trato desatento más allá de
lo que tiene que ver con el trabajo.”
Qué distinto resulta cuando ha de intercambiar con un ganadero
vecino con más peso en la región o, incluso, cuando se
recibe la visita de algún funcionario importante. Con ellos, el
respetuoso usted, casi servil, no se extraña. Altanería,
prepotencia, soberbia y arrogancia están de asueto.