 Creencias que se mantienen Probablemente ahí está el origen de la disociación
entre una práctica específica fundada en la convicción
y la teoría discursiva que se esgrime, pero sin tener la disposición
para ponerla en operación.
Es válido mantener creencias y cada maestro o maestra estaría
en su derecho de comulgar o no, con algún supuesto educativo.
Lo que resulta ilegítimo, es la camaleónica simulación
para evitar la crítica de los compañeros.
Si hay los argumentos suficientes, cualquiera debiera poder defender
su postura.
Cuando se hace el señalamiento acerca de que “el cómo
se dice” tiene implicaciones profundas, a menudo se piensa que más
bien constituye un fundamentalismo al haber simpatía hacia alguna
corriente educativa más o menos en boga.
Podría ser, pero el simple enunciado también se encuentra
apuntalado en una serie de creencias, supuestos o marcos de referencia. ¿Hay
duda de ello? Veamos algo de lo que está bajo la línea
de flotación.
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