La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
se irá desdibujando luego de su colapso en 1991, a pesar
de haber sido un referente geopolítico ineludible para entender
el siglo XX. Muy pronto no será otra cosa más que
uno de esos fantasmones emblemáticos de los que dan cuenta
los libros de historia.
Lo curioso es que, aun en sus momentos de mayor fuerza y consolidación,
el imperio mantenía esa condición espectral que adquiere
lo que no sale a la luz y al que conocíamos apenas mediante
la manifestación de sus efectos sobre el resto del mundo.
Distancia geográfica se potenciaba con aislamiento y hermetismo,
mantenidos con respecto al “mundo occidental”.
El imperio, en el más clásico de sus sentidos y que,
salvada la temporalidad, sería equiparable al formado por
la Roma de Trajano o el británico del siglo XVIII, que tras
expandirse con la apropiación de territorios mantenía
un férreo y tiránico control central. Y por supuesto,
con las mismas dificultades: administrar vastísimos territorios,
apropiarse de materias primas, reprimir los ánimos independentistas,
atender a las necesidades locales y, lo más complicado, controlarlo
todo.
Ryszard Kapuscinski, el periodista polaco, nos acerca ese gigantón
poco conocido con su obra El Imperio.
Como inicio, habla de sus primeros encuentros con el gigante. Evoca
la entrada del ejército soviético a su ciudad natal
cuando apenas contaba con siete años de edad y narra los
varios viajes realizados al territorio diverso durante su juventud.
Nos muestra también su bitácora de largos recorridos,
cuando Kapuscinski, en plena madurez periodística, recorre
un imperio que ya muestra los claros síntomas de su desmoronamiento
inminente.
Lo espléndido del libro es que no se trata de una reseña
monótona de aquello que se pretende documentar, sino que
incluye los apetecibles relatos de personajes encontrados durante
sus periplos, así como las reflexiones e historias construidas
a partir de los sitios visitados, las sensaciones provocadas por
el medio que le rodea a cada paso y el contacto con la cotidianidad
de las personas que han tenido en suerte —buena o mala—
poblar una sorprendente geografía.
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