El aprovechamiento de productos naturales o residuos vegetales para generar energía es cada vez más común, en especial cuando escuchamos que el planeta se contamina a causa de los gases que emiten los vehículos. Uno de esos combustibles biodegradables, renovables y que pueden ser producidos de manera doméstica es el biodiésel, el cual se fabrica de manera sencilla con aceites vegetales o a partir del reciclado de grasas de los restaurantes.

Puede funcionar en cualquier motor diesel, y se presume que duplica la vida útil de los vehículos. Se usa mezclado con gasoil fósil (obtenido del petróleo), aunque esta combinación sólo reduce en 31% la exhalación de compuestos tóxicos.

De acuerdo con algunas empresas en Estados Unidos, Francia, Alemania, Brasil y Argentina, que ya usan biodiésel, al incorporarlo a un motor convencional se reducen las emisiones de monóxido de carbono, azufre, hidrocarburos aromáticos y partículas sólidas.

 

 

¿Cómo se produce?

Puede ser fabricado con aceites vegetales obtenidos de semillas, plantas oleaginosas (por ejemplo, almendra, piñón, nueces) o de grasas animales, nuevas o usadas, las cuales no son tóxicas para el medio ambiente.

Los aceites se someten a un proceso químico llamado transesterificación o alcoholisis, que intenta sustituir en un lípido (éster) un alcohol (glicerina) por uno más ligero como metanol, etanol, propanol o butanol.

El producto recuperado es separado en fases para eliminar el glicerol. La mezcla restante es separada y el exceso de alcohol reciclado. Posteriormente los lípidos son sometidos a un proceso de purificación que consiste en el lavado con agua, secado al vacío y filtrado.

Como resultante del proceso se obtiene biodiésel, así como un subproducto conocido como glicerol, que tiene usos variados en la industria, la medicina, los cosméticos y la alimentación.

El biodiésel es 100 por ciento biodegradable, porque en menos de 21 días desaparece cualquier residuo en la tierra y su toxicidad es inferior a la de la sal de mesa.