En la narrativa de la mexicana Ana García Bergua las reglas
del mundo cotidiano son transgredidas y burladas para intentar comprender
los aspectos más desconcertantes de la naturaleza humana. Entre
personajes que se ríen de la muerte o sobreviven a inundaciones
que recuerdan el famoso diluvio universal, se puede detectar una imaginación
rica y auténtica que, ávida de curiosidad, escarba en terrenos
reflexivos con la pala de la sátira.
Ana García Bergua nació en la ciudad de México
en 1960. Se entregó a la vida literaria primero como cuentista;
desde 1986 publicó cuentos cortos en “El semanario cultural” de Novedades.
Luego de dedicarse por algún tiempo a la escenografía
teatral, incursionó de lleno en el campo literario con su
primera novela El
umbral: travels and adventures (1993) con la que obtuvo en
Santiago de Chile el Premio Iberoamericano de Primera Novela. Desde
entonces aparece en sus textos una preocupación por las minucias
de la vida cotidiana, el habla común de sus personajes y los
sucesos extraños
que cambian sus vidas para siempre. Los valores de la identidad mexicana,
así como las costumbres y tradiciones, se combinarán
en sus creaciones posteriores con la magia de lo insólito.
La autora ejecutará una crítica reflexiva en torno
a nuestras paradojas culturales.
Con la llegada de El imaginador (1996), los límites
de lo verosímil se traspasaron hasta el mundo de la irrealidad,
y ya en Púrpura (1999), su segunda novela, vemos una
escritura entrañable, irónica y desenfadada, en donde asistimos
a la educación sentimental de Artemio, un joven de 22 años
que viaja del rancho a la capital. En esta novela se trastocan los parámetros
con los que valoramos nuestros afectos hasta provocarnos una reflexión
en torno al desarrollo de nuestra propia identidad. Se trata de una novela
que ataca los prejuicios desde su raíz y nos invita a seguir las
peripecias amorosas y culturales de Artemio, desde su natal San Gil Mackenroy —antes
San Gil Tucantecuhtli, juego de palabras que denuncia la influencia cultural
norteamericana— hasta la imponente ciudad de México, cuya sola
visión impresiona al personaje. El viaje de Artemio es un viaje
de descubrimiento y exploración por las laderas inagotables
de sus deseos y las posibilidades de la gran ciudad.
Ana García Bergua nos trajo recientemente la novela Rosas
negras (2004), en donde las inquietudes anteriores vuelven
a aparecer. La novela presenta las costumbres de México, a finales
del siglo XIX, como una alternativa para comprender el presente. Con
la ironía y el humor que la caracterizan, la autora teje una
historia singular de muertos y aparecidos en el contexto del Porfiriato.
El papel social de la mujer durante esa época es revalorado
y cuestionado con el personaje de Sibila, viuda de Bernabé Góngora,
quien es capaz de tomar las riendas de su propia vida mientras descubre
su libertad e independencia.
Los personajes de Ana García Bergua constantemente intentan
autoafirmarse y encontrar una personalidad que les sea propia. Su narrativa
nos obliga a quitarnos las máscaras para entrar en el imaginario
de sus textos, espacio donde nuestra capital es siempre una gran escenografía
de abundancia y riqueza, pero hecha de maderas falsas y cartón,
capaz de simular la grandeza. Se trata de una obra rica donde, tras
la ironía, se encuentra una profunda reflexión en torno
a nuestros valores culturales.