En 1298, en el Palazzo del Mare en Génova, se
encuentran en una celda dos prisioneros: el escribano Rustichello de
Pisa y el comerciante veneciano Marco Polo. Rustichello ha cumplido
catorce años como preso de los genoveses, y se siente poco menos
que un pobre diablo. Él —que alguna vez fue un orgulloso bibliotecario,
lector, calígrafo, escribano y hasta consejero de casas reales—
pasa los días como esclavo amanuense en la Aduana genovesa y
las noches en una celda fría y húmeda que suena a mar.
Por toda compañía tiene al manso Tribulí, un preso
del que nadie ha podido identificar su idioma, nombre o lugar de procedencia
y al carcelero Carabó, con quien se ve obligado a jugar interminables
partidos de Mosca. Al caer la noche, el pisano deja que el rumor del
mar lo envuelva, escapa a su encierro echando mano de su fantasía
y se traslada al mundo creado por su imaginación, que visualiza
en la forma de un gran panino.
El destino de Rustichello cambia cuando una noche arrojan en su celda a un veneciano que porta un extraño gorro de piel rizada. Es Marco Polo, quien comandaba una de las galeras capturadas en la última batalla sostenida entre genoveses y venecianos. Hacía poco tiempo que Marco había regresado a su natal Venecia, después de un viaje por 24 años en los confines de Oriente. De inmediato el pisano quedó fascinado por las historias exóticas que relataba el viajero y comerciante veneciano.
Así comienza la historia de redención
de Rustichello, quien encuentra un nuevo sentido a su vida y poco a
poco va transformándose de un simple copista en un auténtico
autor literario. El pisano atesora los relatos de Marco Polo y redacta
en un dialecto italo-francés el libro Divisament dou monde,
después titulado Livre des Merveilles dou Monde, y que
actualmente conocemos como Los viajes de Marco Polo. Este libro
de relatos fue una de las obras más populares de la Europa medieval
y desde entonces ha captado la atención de miles de lectores.
Además, su impacto es enorme en la conformación de la
idea del mundo más allá de las fronteras occidentales.
En El turno del escriba —novela merecedora del Premio de novela Alfaguara 2005—, las argentinas Graciela Montes y Ema Wolf imaginan cómo fue que cobró forma el libro de relatos de viaje más conocido de Occidente. Montes y Wolf, reconocidas autoras de literatura infantil y juvenil, infunden vida a Rustichello de Pisa y confían al lector los sueños, ilusiones y obsesiones de este personaje prácticamente desconocido del siglo XIII.
Como marco a las aventuras de Rustichello las novelistas componen, a partir de una notable labor de recreación histórica, un retrato vívido del ajetreo del puerto de Génova, de sus personajes más pintorescos y de sus rituales cotidianos. Pero el corazón de la novela reside en la metamorfosis que sufre Rustichello de Pisa cuando es tocado por el genio de la inspiración. Para Montes y Wolf, él es el verdadero autor del afamado libro; Marco Polo, en cambio, es una figura más bien gris que no comprendió el valor literario de su odisea hasta que el pisano se lo descubrió. Lo que el lector encontrará en El turno del escriba es una verdadera epopeya, aderezada con una muy amena dosis de buen humor, acerca del proceso creativo de quien preservó para la memoria los relatos de Marco Polo.
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Ficha bibliográfica:
Montes, Graciela y Wolf, Ema: El turno del escriba. México,
Alfaguara, 2005.