Imagina alguna pequeña ciudad francesa de 200 ó 300 años atrás.
¿Pintoresco villorrio? Tal vez y muy digno de ser retratado en alguna pintura de la época. Bello seguramente, lleno el aire con los cantos y pregones de músicos callejeros, comerciantes o zapateros remendones. Podemos evocar el martillar de los herreros, el sonido de los cascos del omnipresente caballo y el graznido de las parvadas de gansos. Vistosos colores del ropaje tradicional, abigarradas banderas y estandartes.
Sin duda un hermoso paisaje. Tanto como la pestilencia que le sería característica.
¿Mal olor?
Desagradable no: más bien nauseabundo. Soportable sólo para aquellos que, viviendo ahí, han terminado por aturdir su sentido del olfato.
Calles sin drenaje donde los desechos humanos y animales han de correr por el arroyo a condición de que una fuerte lluvia les empuje. De lo contrario, constituyen desperdicios obligados a permanecer ahí hasta ser barridos y transportados por algún carretonero que levantará lo más evidente, pero sin medio alguno para hacer la limpieza profunda del empedrado.
Animales cohabitando con las personas. Perros, patos, gallinas y cerdos que merodean por cocinas y comedores esperando la caída de algún desperdicio que complemente su alimentación.
Baños muy poco frecuentes por carecer de duchas, agua entubada y también desconociendo el hábito de la limpieza.
Ropa que podía permanecer cubriendo un cuerpo desde que era prenda nueva y hasta que, por convertirse en jirones, era desechada. Faldas, camisas y calzones que en una larga vida útil, podían no haber estado nunca bajo los efectos combinados del agua y del jabón.
¿Cómo describir ese mundo de olores con simples palabras? Un reto fenomenal, del que el autor Patrick Süskin sale más que airoso al describir con intensidad eso que en la vida real son sólo sensaciones. Con su libro El perfume este autor nos transporta a aquel ambiente de antaño. Nos ayuda a conocer o reconocer lo que parcialmente hemos hecho mediante las imágenes del cine o la televisión. Para ello usa un recurso literario que parecería imposible: hacernos percibir olores mediante palabras.
El protagonista de esta historia sobre el olfato es un ser dotado con la más fina y perceptiva nariz. Paradójicamente, él mismo es incapaz de producir emanación alguna que los demás puedan reconocer, lo que provoca miedo y rechazo.
Jean-Baptiste Grenuille, el inodoro perfumero, es capaz de cambiar el curso de los acontecimientos, valiéndose tan sólo de las esencias y fragancias involucradas en su arte. Trágico creador de aromas que no aspira a otra cosa que inventar para él un humano tufo que le gane el afecto de los demás. Algo que logra hasta sus últimas consecuencias.
Si te has aburrido de relatos previsibles y narraciones sosas, probablemente El perfume sea tu siguiente opción de lectura. Llegará el momento en que no sabrás si sigues el rastro de las letras con tu mirada, o es tu nariz la que ha quedado atrapada en este mundo donde el olfato es uno de los protagonistas principales.
El libro ha sido editado tanto por Seix-Barral, como por Planeta. La primera se puede conseguir por un precio menor y existen múltiples reediciones. 
Si te interesa el tema, te recomendamos que leas los artículos “Feromonas y atracción” y “Perfume con feromonas”.
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