¿Quién escoge a la pareja? Difícil saberlo: es más, ni siquiera importa entre los animales, cuando lo que cuenta es la conservación de la especie.

El mundo de las llamadas bestias enfrenta muchas dificultades para la reproducción exitosa. Así cada especie se las arregla con mecanismos que, comparados con los que nosotros tenemos como sociedad, resultan bastante curiosos, pero altamente efectivos.

 

Entre los retos principales están:

Los elefantes y la manera en que se comportan podría ser un excelente ejemplo de cómo opera la naturaleza y, además, nos sirve para comparar con lo que sucede entre los humanos. La mecánica es distinta, pero el resultado similar: la permanencia de la especie sobre la superficie del planeta.

De inicio cabe mencionar que, a diferencia nuestra, únicamente los machos más aptos y capaces son los que están en posibilidad de aparearse. Esto es comprensible porque, dependiendo de un medio natural que en ocasiones es adverso, se deben propagar los genes de los mejores animales. Los humanos tenemos resuelto eso mediante el conocimiento que como especie hemos logrado desarrollar para allegarnos bienestar y seguridad. Por tanto, la recombinación de genes pude ser más flexible. Hay cualidades y deficiencias que pueden coexistir. Quizá incluso sea el rasgo mejor de nuestra condición humana poder proteger y brindar oportunidades a todos. Las limitaciones en un mundo civilizado son o deben ser muy relativas, un asunto menor para garantizar la vida.

Volvamos a los elefantes que, al igual que nosotros, son seres sociales por lo que viven en grupos. Si sólo el mejor macho ha de reproducirse, sobran todos los demás. No hay sitio para dos, tres o más sementales, ya que las tensiones entre ellos sólo provocarían alteraciones y nerviosismo en el grupo de hembras, con lo que el cuidado de las crías se vería perturbado y estaría en riesgo la persistencia de la especie.

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