Imaginemos
un día común y corriente
Amanece y la comunidad empieza
a desperezarse, a salir del sueño reparador que le ha permitido
descansar del duro trabajo del día anterior y le hizo olvidar
las molestias del amontonamiento de cuerpos y de los piquetes de
piojos y pulgas.
.......Desde
luego que despiertan con gran apetito y seguramente no quedan muchas
reservas del día anterior. Lo urgente entonces es conseguir
el alimento del día y el agua para beber.
.......Mujeres
y niños merodearán por los alrededores del campamento
buscando algún nido que asaltar, raíces comestibles,
frutos y, quizá, si corren con suerte, una madriguera de
conejos donde haya la posibilidad de hacer realidad una captura.
.......¿Ancianos?
No hay, al menos de la edad de los de ahora.
.......El
hombre primitivo no llega a edades avanzadas porque está
sujeto a enfermedades, accidentes y al desgaste prematuro de unos
dientes que deben triturar alimentos crudos y duros.
.......Los
varones
jóvenes salen de cacería y, para lograr una presa
de tamaño suficiente como para alimentar a toda la comunidad,
seguramente tendrán que caminar muchos kilómetros.
Expediciones que quizá les lleven varios días fuera
del sitio en que viven.
.......Luego
de intentar saciar el apetito a lo largo del día, el sol
se oculta. Bajo esa oscuridad que sólo es parcialmente iluminada
durante los días de luna llena, no hay otra opción
más que echarse a dormir. Como el resto de las especies:
alimentación y descanso.
.......Bajo
esas condiciones, ¿a quién se le podía ocurrir
intentar entablar largas pláticas o idear colectivamente
alguna estrategia para hacer más eficientes sus esfuerzos? |