El concepto está tomado de la mecánica y de la física: la resiliencia era originalmente entendida como la capacidad de los cuerpos u objetos de reaccionar frente a fuerzas externas que tienden a distorsionar su forma, y para tender un regreso a la forma inicial pero mejorada debido a su elasticidad o flexibilidad para recuperarla. En este sentido, se dice que el metal que pasa por el calor hasta deformarse y luego tiende a enfriarse para hacerse más fuerte es resiliente.

Este término también es usado en medicina: la osteología ha adoptado (y adaptado) el concepto para definir la capacidad de los huesos de crecer en el sentido correcto después de una fractura.

En su acepción moderna, en la resiliencia convergen muchas otras disciplinas como la pediatría, el psicoanálisis y la salud publica, es ya una categoría que propone trabajar ya no sobre los factores de riesgo de las personas vulnerables, como los niños, sino también sobre la capacidad de los pequeños para afrontarlas, poniendo en juego sus capacidades individuales.

En la salud, las investigaciones en resiliencia han cambiado la forma en que se percibe al ser humano: de un modelo de riesgo basado en las necesidades y en la enfermedad, se ha pasado a un modelo de prevención y promoción basado en las potencialidades y los recursos que el ser humano tiene en sí mismo y a su alrededor.

Además, recientemente se ha desarrollado el concepto, muy importante para nuestros países en vías de desarrollo, de resiliencia comunitaria, que describe esa capacidad de nuestros pueblos para superar crisis y catástrofes (inundaciones, terremotos, ciclones, etcétera). Entre los pilares de la resiliencia comunitaria se mencionan la autoestima colectiva, la identidad cultural, a honestidad, la solidaridad y el liderazgo comunitario.

La resiliencia posee dos elementos importantes: la resistencia o capacidad de proteger su propia integridad frente a los efectos de estrés o tensión negativos y la elasticidad o flexibilidad para proseguir el desarrollo de los procesos constructivos.

Con esta reflexión tratamos de señalar la importancia y la esperanza de construir mejores alternativas para el ser humano a partir de la resiliencia en acciones sociales, educativas y de salud que abarquen a las personas de todas las edades, desde la primera infancia hasta la tercera edad; a familias e, incluso a las comunidades a través de programas que promuevan y refuercen sus características resilientes.

 


 

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Fuentes:

•  Cyrulnik, Boris, La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia, Ed. Garnica, Barcelona, 200.

•  Cyrulnik, Boris. Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, Gedisa, Barcelona, 2002.

•  Cyrulnik, Boris. El encantamiento del mundo, Ed. Gedisa, Barcelona, 2002.

•  Henderson, Nan y Milstein, Mike. Resiliencia en la escuela, Ed.Paidós, Buenos Aires, 2003.

•  Manciaux, Michel (comp.). La resiliencia: resistir y rehacerse, Ed. Gedisa, Barcelona, 2003.

• Organización Panamericana de la Salud. Manual de Identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes. Madrid, 1998.