Ramón Cordero G.

Es un hecho el cierre de los famosos y legendarios talleres donde se elaboraron, durante siglos, los juguetes que se reparten año tras año entre los niños que creen en Santa Claus, Santa Clos o simplemente San Nicolás.

La Claus Factory Inc., planea dejar el Polo Norte y trasladarse en su totalidad a China o a algún otro país asiático a decir de la presidenta del consejo de administración, la señora Mary Christmas. La modernidad hace pagar su precio a la tradición y, quizá, en la siguiente Navidad, todos los regalos de la temporada lleguen con una vistosa etiqueta en la que resalte la leyenda: “Made in China” o “Made in Taiwan”.

 

Un poco de historia

Como se recordará, la añeja tradición del reparto de juguetes se vio alterada por primera vez, cuando el escarlata personaje se vio envuelto en un problema legal por los derechos de la vestimenta.

Fue en la década de los años cincuenta cuando, en abierta competencia con Caperucita Roja, finalmente logró patentar y convertirse en el titular de los derechos sobre el color navideño, siempre y cuando el uniforme incluyera los vivos en piel o peluche blancos. Afortunada decisión que, años más tarde, le ahorraría problemas con el Chapulín Colorado y el equipo del futbol mexicano Diablos Rojos del Toluca.

Instalar la fábrica y producir en el Polo Norte, brindó estabilidad a la ya entonces próspera empresa juguetera. Tratándose de un lugar inhóspito, además de apartado, fue posible que la planta laboral de duendes y gnomos trabajara largas jornadas al no haber otro tipo de distracciones. Sitio donde el aburrimiento hacía del trabajo la única diversión.

 

Todo cambia

Las circunstancias se modifican y con ello el mercado de juguetes. En este siglo de globalización, costos, mercados y materias primas, la Claus Factory Inc. se ha visto obligada a tomar decisiones importantes.

Mantener en operación una fábrica que se ubica en lugares donde todo el año cuenta con temperaturas bajo cero, provoca también un uso excesivo de energéticos que no sólo están destinados a la operación de la maquinaria, sino que también mantienen un altísimo costo en calefacción para caldear las instalaciones. Con los actuales precios tan elevados del petróleo, la producción puede mantenerse, pero con el consiguiente incremento en los precios, que han dejado de ser competitivos.

El sindicato de trabajadores es otro de los obstáculos. Como se sabe, los duendes tienen una esperanza de vida que supera con mucho a las edades que alcanzan los seres humanos antes del retiro.

Paradójicamente, aquella condición que permitió mantener una planta laboral estable de duendes y otros seres, con alta capacitación profesional, es ahora motivo de severa crisis.