¿Se te había ocurrido preguntarte eso? ¿Por qué, a diferencia de otros animales, nosotros no tenemos un simpático rabo?

Por suerte, diría mi abuelita, a la que le da mucho trabajo acomodarse las naguas cada vez que se sienta. Tan sólo de pensar en dónde podría colocar un apéndice tan largo como el de una rata, suspira con alivio por ser como es.

Aunque, bueno, el primo Nicolás opina que no estaría tan mal. Según él, las personas sabrían si son agradables unas a otras mediante un simple movimiento de cola, al igual que los perros. Además de que se podría identificar cuándo hay vergüenza o cierta dosis de agresividad, de acuerdo con la posición en que se mantuviera la colita.

 

Nosotros podríamos ser poseedores de una

Lo curioso es que los humanos tenemos todo lo necesario para contar con una pequeña cola, lo único que faltó fue un poco más de desarrollo. Sí, ahí está la última parte de nuestra columna y sus vértebras coccígeas que son las del final. Una anexo que los humanos perdieron por efecto de la evolución.

Si miras un esquema del esqueleto humano, puedes observar que ahí están esos huesitos, pero con la limitante de que se encuentran soldados entre sí y formando parte de los huesos de la pelvis. Por ello no se notan y también, a causa de eso, es que no los podemos mover.

 

 

 

¿Para qué sirve una cola?

Si conocemos su utilidad o utilidades, entonces podríamos encontrar la explicación. Es posible que ya no la necesitemos.

A un caballo le puede servir de adorno, pero su función principal es la de un muy efectivo espantamoscas, al igual que para las vacas y elefantes. Utilidad muy importante cuando no se tienen patas que permitan una buena rascada de lomo o cuando no se tiene la elasticidad suficiente como para llegar a esas partes donde suelen provocar molestias los insectos.

Como ves, los humanos no necesitamos de una cola para eso, ya que usamos ropa y, aunque no lo hagamos, nuestros brazos pueden ayudarnos bastante bien como para poner en fuga a cualquier sabandija fastidiosa.

A los felinos como tigres, gatos y leones, el apéndice caudal (la cola) les sirve para cosas muy distintas y que casi siempre tienen que ver con el equilibrio cuando corren o transitan sobre una superficie muy angosta. Sí, igual a la manera en que un equilibrista emplea una pértiga o un paraguas. Y, bueno: las personas no corremos tan rápido como para requerir de un estabilizador trasero y raramente andamos poniéndonos en riesgo de caer de alguna rama o barda. De cualquier manera, si hubiese necesidad, los brazos ayudarían a sujetarnos y a balancear nuestro cuerpo.

Las aves no tienen cola, pero sí plumas caudales. Si vuelan, les son indispensables para mantener la estabilidad y cambiar de dirección. Cuando no son voladoras, el plumero final resulta un excelente adorno para galantear con el sexo opuesto.

La gente como nosotros no suele volar, a menos que sea en avión o en globo aerostático, por lo que no necesitamos tener un ramillete de plumas en el trasero. Y para cortejar llamando la atención, echamos mano de una gran variedad de artificios como son los peinados, la ropa, el maquillaje y un porte particular para la ocasión.

Hay animales nadadores a los que les resulta indispensable contar con una aleta caudal (que no es propiamente una cola) o con una extremidad lo suficientemente fuerte y flexible como para impulsarse y además dar la dirección deseada. Ahí tienes el ejemplo de los cocodrilos, las nutrias, los castores, las ballenas, los delfines y los peces. Sin su respectivo apéndice, tendrían que pensar en cambiar de medio natural.

Nosotros, que apenas nadamos, con brazos y piernas debemos bastarnos. Y habiendo mucha necesidad, un par de aletas artificiales podemos utilizar.

 

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