En todos los lugares donde floreció alguna cultura prehispánica sucedió lo mismo; con el fin de terminar con las prácticas religiosas de los indígenas, que para los españoles resultaban “bárbaras” -como el culto a diferentes dioses, el sacrificio humano, etcétera-, decidieron exterminar hasta el último indicio de la cosmogonía no sólo de los aztecas sino de todas las culturas mesoaméricanas. Fue así como en la mayoría de los lugares sometidos, los nuevos templos se construyeron utilizando como base pirámides y otros edificios de centros políticos y ceremoniales. Los pueblos conquistados tuvieron que participar en las tareas de construcción y ornamento de los sitios mientras eran testigos de cómo su cultura y sus creencias eran derrumbadas y enterradas. Para los indígenas resultaba muy difícil desprenderse de sí mismos, de sus costumbres y tradiciones, de las formas en que se relacionaban y de sus creencias en relación con la divinidad y el universo.

Fue a la orden de los monjes agustinos a quienes se les encomendó la tarea de evangelizar a los malinalcas; así, en 1540, diecinueve años después de la caída de Tenochtitlan, los representantes de la Iglesia Católica llegaron a la región, también para cubrir los huecos dejados por otras órdenes evangelizadoras como los dominicos, jesuitas y franciscanos. Los agustinos, con el apoyo económico de Cristóbal Rodríguez, y el trabajo de los indígenas, fundaron el convento llamado entonces San Cristóbal, en honor al benefactor y encargado de la encomienda.

Con el paso del tiempo el convento cambió de nombre y hasta hoy es conocido como Divino Salvador. Se localiza frente a la plaza principal de la población: es un conjunto que se compone por capilla, claustro y jardines interiores. En el edificio se conjuga la esencia de la conversión católica, con el trabajo y la inspiración de las agonizantes creencias indígenas, que son evidentes en cada detalle; por ejemplo, los animales y las plantas pintadas, así como los rostros de ángeles y otras figuras ornamentales, conservan la línea de los trazos de los dibujos u otras expresiones artísticas preservadas en códices, estelas, murales y tallas en piedra que pertenecen a la época prehispánica.

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