“Todos somos hermanos de la
misma Madre Tierra,
lo único que necesitamos
es reconocer nuestras
similitudes en las diferencias
con los demás.”
Anónimo
La historia de Malinalco continúa en el tiempo; en un principio se estableció con
el fin de ser uno de los centros ceremoniales aztecas en honor al Sol, así como
un sitio de formación militar que muy pronto se volvió fundamental
para la preparación de la elite bélica: los guerreros águila
y tigre, representantes divinos, y, por tanto, encargados de salvaguardar al
pueblo protegido por Huitzilopochtli. Los aztecas eran conquistadores y ocuparon
gran parte del territorio; por ello la guerra era una actividad que les permitía
no sólo mantener en orden sus dominios, sino ampliarlos.
Tras suceder la caída de Tenochtitlan (la ciudad-Estado
azteca más poderosa de su tiempo) el 13
de agosto de 1521 , los conquistadores al mando de Hernán
Cortés recibieron noticias de que los pueblos de
Malinalco, Matlatzinco y Tula se habían unido para atacarlos
por la retaguardia; entonces Hernán Cortés se adelantó a
la estrategia militar y envió a Andrés de Tapia,
quien los tomó por sorpresa y los sometió hasta
lograr su rendición. Consumada la conquista en los diferentes
frentes y apaciguados los pobladores, Malinalco fue encomendado
a Cristóbal Rodríguez para iniciar otro de los
propósitos de la corona española: la conquista
espiritual.
La conquista espiritual se daba a partir de la evangelización,
que consistía básicamente en adoctrinar a los indígenas
hasta convencerlos de olvidar sus ritos “paganos” y adoptar la
idea de la existencia de un sólo Dios todopoderoso. La
tarea resultó complicada para los evangelizadores, ya
que para los indígenas sus dioses y sus historias explicaban
el universo, el mundo, el origen y la razón de existir
de cada individuo, mientras que el nuevo dios al que les exigían
adorar les parecía ajeno: un ser con el que no encontraban
similitudes ni coincidencias. Los indígenas entonces se
sometían a la voluntad de los conquistadores, pero conservaban
sus creencias y la realización de sus ceremonias y ritos
en la clandestinidad. |