Los primeros pobladores del territorio que actualmente ocupa Francia fueron los galos; entonces Galia contenía a Francia, Bélgica, parte de Suiza y las regiones de Holanda y Alemania que colindan con el río Rhin. Los galos eran un grupo de tribus celtas de cuya lengua derivaron el galés, el irlandés y el bretón; hoy en día a las que sobreviven se les da el nombre genérico de “celtas”.

En el siglo I a. de N.E., las legiones romanas al mando de Julio César lograron conquistar la región, entonces el uso del latín vulgar comenzó a difundirse entre los galos, quienes con el pasar de los siglos terminaron por abandonar su lengua. A finales del siglo IV de N.E., el latín había sustituido por completo al galés —hoy muerta—; el bretón, en cambio, aún se habla en la Bretaña francesa.

La presión y los intentos de invasión de los pueblos bárbaros de origen germano comenzaron a mediados del siglo III, pero se concretaron a finales del siglo V, cuando los francos derrotaron al gobierno romano de Galia y ocuparon el territorio junto con los visigodos y burgundios; para entonces, el latín vulgar era la lengua común en la región; los germanos no impusieron su lengua, prueba de ello es que no existen más de 400 palabras francesas de origen germánico.

El latín vulgar utilizado en Galia, se enriqueció además con palabras de origen griego; en el siglo VI se incorporaron los helenismos procedentes de las colonias mediterráneas de Marsella y Niza, por lo que un siglo más tarde la lengua hablada en la región —francés antiguo— ya era muy distinta de la protolengua que le dio origen.

Las resoluciones de los concilios realizados en el siglo VI en Francia se tradujeron al francés antiguo, conocido también como romance; posteriormente, en el siglo VIII, Carlomagno ordenó que los líderes de la iglesia utilizaran esta lengua en las liturgias.

A partir del siglo X el francés antiguo evolucionó en dos vertientes que muy pronto fueron considerados idiomas distintos: oïl y oc; de cada lengua derivaron diversos dialectos; de la oc o provenzal —llamada también así pues se desarrolló durante la Edad Media una importante escuela de poetas y trovadores provenzales muy reconocidos— surgen el gascón, languedociano, auvernés, lemosín y bearnés. Por su parte, de la oïl derivaron el franciano, normando, picardo, pictavino o poitevino y borgoñón.

En ese mismo siglo, París fue nombrada sede de la corte; por lo que el dialecto que se hablaba —franciano— comenzó a dominar los demás; cabe mencionar que la corte fue un modelo a seguir para la nobleza de otras regiones. El francés moderno deriva del franciano. La “internacionalización” de la lengua de oïl comenzó entre los siglos XII y XIII, cuando se difundió por Europa y se consolidó como oficial en la corte de Nápoles. En esa época, incorporó numerosos arabismos, por la trascendencia que la ciencia y la cultura árabe tuvo para los pensadores franceses.

Fue determinante el papel que desempeñó la guerra entre Francia e Inglaterra conocida como “Guerra de los Cien Años”, ocurrida entre los siglos XIV y XV, pues tras concluir surgió un fuerte movimiento nacionalista, que provocó la aceptación del dialecto de la corte como lengua nacional; además, en el siglo XVI, el rey Francisco I declaró al franciano la lengua oficial del reino.

Otro momento relevante en la consolidación del francés fue la fundación de la Academia Francesa en el siglo XVII, promovida por el cardenal Richelieu, así como la creación del primer diccionario. Durante el reinado de Luis XIV, el francés alcanzó el clímax de su historia, pues sustituyó al latín como lengua internacional europea, sobre todo en los ámbitos diplomático y científico. Hoy en día se sigue utilizando en diversos foros y es una de las lenguas obligatorias en la Secretaría de las Naciones Unidas, el Pacto del Atlántico Norte y la Unión Europea.

Fue después de la fundación de la Academia Francesa que la lengua adquirió los rasgos de su forma actual; los cambios posteriores se han centrado en la pronunciación, la simplificación de la estructura y la incorporación de términos científicos y técnicos, así como anglicismos y neologismos —entre los que destacan las palabras acuñadas durante la Revolución Francesa—. Después de la Academia, surgió el Instituto de Francia, quien se encargó de las subsecuentes reediciones del diccionario. Los escritores románticos del siglo XIX, recuperaron una serie de arcaísmos del franciano que fueron utilizados, posteriormente, por los poetas simbolistas; esta recuperación provocó que dichos términos estén en uso actualmente.

 

Francés

Es la lengua oficial en Francia, cooficial en Bélgica, Suiza y otras regiones que en determinado momento han sido o son colonias francesas como: Guyana Francesa, Gabón, República del Congo, Chad, República Centroafricana, Costa Marfil, Malí, Mauritania, Senegal, Níger, Indochina, Haití, Madagascar y Canadá, entre otras. Por sus zonas de desarrollo, tiene una gran variedad dialectal.

Valón

Lengua regional hablada en Bélgica. Es un dialecto antiguo derivado del francés, y es común en la región central y meridional de Bélgica; específicamente en las provincias de Lieja, Hainaut, Luxemburgo, Namur y el sur de Brabante.

 

Picardo

Lengua regional en algunas zonas de Francia y Bélgica. El picardo es ubicado como dialecto del francés, aunque las diferencias con su protolengua son tan grandes que puede ser considerado una lengua autónoma.

 


Fuentes:

  • López García, Ángel:  Fundamentos genéticos del lenguaje . Madrid, España, Cátedra. 2002.
  • “Lengua francesa ”. Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta 2005. Estados Unidos, Microsoft Corporation, 2004.

 

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