El mosaico
Para Juan O'Gorman la única y verdadera tradición de México era la prehispánica, que según él se mantenía viva a través de la expresión artística popular. De ahí que para apelar a la tradición y con ello a la colectividad y al entorno geográfico, O'Gorman eligiera un mosaico de piedras para revestir la Biblioteca Central. Ésta era una técnica novedosa que O'Gorman había probado por primera vez durante 1944 y 1945, cuando colaboró con Diego Rivera en la construcción del estudio que albergaría la colección de arte prehispánico de Rivera conocido como Anahuacalli.
La actualización de la tradición prehispánica en un mosaico de piedras naturales fue la bandera que ondearon Diego Rivera y Juan O'Gorman para propugnar por una plástica “mexicanista” en Ciudad Universitaria, en oposición a la plástica “ultramoderna” de los arquitectos afiliados al internacionalismo y de las esculto-pinturas de David Alfaro Siqueiros. A Rivera y O'Gorman les parecía que los mosaicos armonizaban con el paisaje volcánico del Pedregal de San Ángel, donde se asienta la Ciudad Universitaria. Sin embargo las piedras que conforman sus obras no provienen únicamente de esa zona. O'Gorman consiguió miles de piedras naturales traídas de toda la República (verdes de Guerrero, violetas de Hidalgo, etcétera), eligió algunas del Pedregal (las grises) y como no consiguió piedras azules usó pedazos de vidrio para mostrar ese color. El propio O'Gorman formó una colección de piedras de 150 tonalidades distintas que podían encontrarse y él mismo visitó muchos minerales y canteras en varias partes del país para escoger su material de trabajo.
La confección del gigantesco mural de la Biblioteca Central constituyó toda una proeza técnica. Con infinita paciencia, O'Gorman y su equipo reunieron, cortaron, clasificaron y colocaron cada piedra, con la dedicación de miniaturistas, sobre las plantillas del dibujo enmarcadas por las losas precoladas de un metro cuadrado que sirvieron para fijar el mosaico al muro de la Biblioteca. Entre 1949 y 1951 se podía ver a Juan O'Gorman enfundado en su overol y subido en el andamio, pasando las horas en hacer crecer el mosaico de su edificio, como si estuviera armando un gigantesco rompecabezas.
La historia cultural de la nación
En su mural de la Biblioteca Central Juan O'Gorman trató la conformación cultural de la nación. Para el artista esta historia tuvo cuatro momentos clave, representados en las caras del edificio: en el muro norte la cosmovisión prehispánica, que funda el principio espiritual de la nación; en el muro sur la época colonial, cuando la mezcla racial y cultural conformó la concepción dual básica del mundo: el bien y el mal representados por los modelos de Ptolomeo (geocéntrico) y de Copérnico (heliocéntrico); y en los muros laterales, el México contemporáneo donde, en el oriente, O'Gorman colocó un átomo como símbolo cosmogónico cultural del siglo XX, así como campesinos y obreros como protagonistas sociales. En el muro poniente, están el escudo universitario y aspectos de la vida estudiantil. Cada una de las infinidad de imágenes que O'Gorman colocó en su mural revela los matices de los aportes de cada ciclo histórico a la cultura nacional contemporánea.
Con un afán didáctico Juan O'Gorman eligió personajes y símbolos representativos de todo aquello que, en su opinión, conformaba el complejo paisaje de la cultura mexicana. Según puede leerse en el mosaico de cuatro caras, la fuerza espiritual heredada del pasado prehispánico constituye el hilo conductor de la continuidad cultural mexicana. También la arquitectura, presente en cada
periodo de la historia de México, juega un papel importante en la materialización de las ideas y las actitudes ante el mundo. La selección que hizo O'Gorman para mostrar los principales ingredientes de la cultura nacional es reveladora: la cosmovisión mexica, la conquista espiritual y militar, el papel predominante de las fuerzas sociales a raíz de la Revolución Mexicana, la esperanza de emancipación social que propone el desarrollo del cuerpo y del espíritu y el progreso científico del siglo XX. Este recorrido plantea que O'Gorman planta la raíz del signo cultural de México en el pasado antiguo y funda las relaciones de explotación en el periodo de la conquista española. La revolución de 1910 fue redentora, como también promete ser el control y buen uso que el ser humano de a la energía contenida en el átomo. Finalmente, O'Gorman postula que sólo a través de la búsqueda del bien común y de la socialización del conocimiento es que la Universidad cumplirá con la misión encomendada por la sociedad mexicana.
A través de las formas e imágenes plasmadas en la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria Juan O'Gorman propuso una solución al problema de la integración armónica de arquitectura, pintura y escultura y expuso una interpretación de la historia cultural de la nación mexicana. Quizá por ello, nadie que haya visto esta obra fundamental de Juan O'Gorman puede olvidarla. Desde abril de 1956, cuando la biblioteca abrió sus puertas, este espacio ha sido uno de los puntos de reunión más estimados de la comunidad universitaria.
Si quieres saber más sobre Juan O'Gorman, te recomendamos:
La palabra de Juan O'Gorman. Selección de textos, Investigación y coordinación documental de Ida Rodríguez Prampolini, Olga Sáenz, Elizabeth Fuentes Rojas, México, UNAM / Dirección General de Difusión Cultural / Instituto de Investigaciones Estéticas, 1983 (Textos de Humanidades 37).
Luna Arroyo, Antonio, Juan O'Gorman. Autobiografía, antología, juicios críticos y documentación exhaustiva sobre su obra, México, Cuadernos Populares de Pintura Mexicana Moderna, 1973.
Este artículo es una síntesis del ensayo:
Rodríguez, Itzel: “Juan O'Gorman: las lecciones de Ciudad Universitaria” en La pintura mural en los centros de educación de México , México, Secretaría de Educación Pública, 2003.
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