La Biblioteca Central de CU: arquitectura realista

Entre seis arquitectos participantes, Juan O'Gorman ganó el concurso para proyectar y dirigir la construcción de la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria. Ésta fue una de los últimas obras arquitectónicas de O'Gorman, que llevó a cabo en colaboración con otros los arquitectos Gustavo Saavedra y Juan Martínez de Velasco. El diseño de la Biblioteca conjugaría las dos vocaciones de su autor: crear arquitectura de utilidad social y educar a través de imágenes plásticas. Sin embargo, la idea de recubrir con mosaico los grandes muros del exterior no se aceptó de inmediato. Según el propio O'Gorman, Carlos Lazo, gerente de Ciudad Universitaria, quería forrar el edificio de vitricota porque la idea de un mosaico de piedras le parecía “monstruosa”.

En realidad lo que estaba en juego era la idea misma de modernidad arquitectónica. El arquitecto Carlos Lazo, como otros tantos que participaron en la construcción del complejo urbanístico de Ciudad Universitaria, apostaba al vanguardismo arquitectónico del estilo internacional, en el que privilegiaban las materiales más actuales para crear una estética de formas depuradas y geometrizantes y alcanzar así un lenguaje arquitectónico estandarizado. O'Gorman, en cambio, creía que se debía combinar modernidad y tradición a partir de una arquitectura que él llamó realista y que entendía como aquella que se valía de los adelantos técnicos más modernos para cumplir eficientemente con las necesidades que planteaba el propósito del edificio, pero que al mismo tiempo atendía a la tradición plástica y al paisaje local del espacio donde se ubicaba.

La idea de O'Gorman de arquitectura realista reconocía el valor imprescindible del elemento artístico para satisfacer las necesidades básicas del ser humano. Por otro lado, buscaba comunicación con la plástica tradicional y con la fisonomía de la región donde había sido impuesta. Para Juan O'Gorman, la arquitectura cumplía una función social no sólo en cuanto a su uso, sino también porque debía apelar a valores de cohesión comunitaria, concientización socio-política e identidad nacional. Pero sólo una expresión artística arraigada en la tradición podría entablar un diálogo con la “masa popular”. La integración plástica que O'Gorman postuló para su obra pretendía reunir tradición y modernidad. La modernidad se manifiesta en la eficiencia funcional del edificio y la tradición en el uso de materiales de raigambre nacional, como el tecalli en la sala de lectura, los segmentos escultóricos de los basamentos de piedra volcánica y el mosaico de piedras naturales de cuatro mil metros cuadrados que cubre los muros de los acervos bibliográficos. Tal como dictaba el ideal de la integración plástica, arquitectura y plástica coexisten en la Biblioteca Central en mutua dependencia. ¿El inmenso volumen de este edificio tendría sentido si no fuera el soporte de un mosaico?

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