.Arquitecto y pintor
En Ciudad Universitaria Juan O'Gorman participó como arquitecto y como muralista. Ambas disciplinas le pertenecían plenamente, aunque para esas fechas ya había decidido dedicarse a la pintura y abandonaba paulatinamente la arquitectura. Como arquitecto su carrera comenzó con un desafío que causó sensación: construyó el primer edificio de estilo funcionalista de México, su propia casa en la
colonia San Ángel Inn. Su objetivo era lograr una obra de ingeniería correcta, funcional, acorde a las necesidades de quienes la habitarían y a las condiciones climáticas del lugar. En este contexto, la “belleza” fue un valor que O'Gorman excluyó explícitamente de su visión arquitectónica. O'Gorman continuó desarrollando este estilo en otros proyectos, especialmente casas-habitación y escuelas. Pero la arquitectura no se mantuvo como la actividad primordial de Juan O'Gorman en el tránsito a la década de los cuarentas. Él mismo decidió dejarla y orientar su energía a la pintura (mural y de caballete), a través de la cual sentía que se acercaba más al ideal de hacer un arte que sirviera a los intereses de las mayorías.
Juan O'Gorman incursionó en la pintura mural en los años de 1924 a 1926, cuando decoró una cantina y tres pulquerías de la ciudad de México. Pero la primera obra donde se prefigura el “estilo O'Gorman” es el mural, realizado al temple, de la biblioteca pública Fray Bartolomé de las Casas en Atzcapotzalco, en la ciudad de México, pintado entre 1926 y 1932. Aquí ya encontramos algunos rasgos que caracterizarán su pintura:
compromiso con el realismo pictórico, gusto por el detalle, precisión en el dibujo, disposición arquitectónica de la composición, interés por el tema histórico y de reflexión nacionalista.
El pintor investigaba exhaustivamente del periodo que representaba: consultaba todo tipo de fuentes, elaboraba retratos muy precisos de sus personajes, era riguroso en la recreación de la vestimenta, peinado, tecnología y arquitectura y tenía una verdadera obsesión por la claridad en la narración, al grado de que incluía cartelas o esquemas explicativos del sentido que confería a sus imágenes. Era un artista que asumía una actitud científica para configurar sus visiones del pasado y acentuar con ello la cualidad didáctica de su trabajo, como lo constatan sus murales La conquista del aire por el hombre (1938) que decoraría la Sala de Espera del Puerto Central Aéreo, y aquel de la Biblioteca Gertrudis Bocanegra (1941-42) en Pátzcuaro, Michoacán, donde expuso la historia de Michoacán. En esta obra el pintor se valdrá de un recurso pedagógico que usará en sus posteriores representaciones sobre la historia nacional: propone un esquema dual que demarca nítidamente las visiones del mundo que se enfrentaron a raíz de la conquista española. Este ejercicio de reflexión histórica le será de gran utilidad para precisar su idea de la cultura en México, tema del mosaico de la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria que realizó entre 1949 y 1951.
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