........................................................................................Itzel Rodríguez Mortellaro

Un nuevo campus para la Universidad Nacional

En 1952, durante el gobierno de Miguel Alemán, se inauguró el campus de Ciudad Universitaria, al sur de la ciudad de México. La aspiración de los creadores del nuevo campus fue que proyectara modernidad, humanismo y cultura. La arquitectura internacionalista de sus edificios confirmaba la comunicación de México con la vanguardia internacional, así como con las técnicas constructivas de actualidad, mientras que los murales que podían verse en algunos de los edificios de las plazas mostraban una continuidad con la tradición artística nacional y con el pensamiento humanista mexicano. En el entorno de Ciudad Universitaria, la combinación entre arquitectura y murales se percibía como el sano equilibrio entre el lenguaje universal y el local, entre modernidad y tradición.

Muralismo y arquitectura en CU

La planeación y realización de los murales de Ciudad Universitaria provocó una intensa reflexión acerca de cómo debía darse el vínculo entre las artes plásticas y la arquitectura. Con el tiempo, los artistas pasaron de la expectativa de armonizar sus murales con la arquitectura al deseo de conseguir una integración indisoluble entre arquitectura, pintura y, eventualmente, escultura. Para finales de la década de los cuarentas, la integración plástica era uno de los principales asuntos de discusión y experimentación del muralismo. Algunos artistas, como Diego Rivera y Juan O'Gorman, hallaban su fuente de inspiración en la arquitectura de la antigüedad (egipcios, griegos, mayas), en la que veían una total armonía entre las artes y de éstas con su contexto geográfico, gracias a los materiales naturales que utilizaban (piedra, estuco, mármol); otros, por ejemplo David Alfaro Siqueiros y Carlos Mérida, creían que la innovación técnica y el uso de materiales y herramientas de actualidad eran esenciales para incluir al arte en el mundo moderno. Los distintos matices en la concepción de cómo debía llevarse a cabo la integración plástica se plasmaron en los murales de Ciudad Universitaria y, en su momento, los diferentes puntos de vista provocaron discusiones entre algunos artistas y desencuentros de éstos con los arquitectos.

Mientras se construía Ciudad Universitaria David Alfaro Siqueiros organizó una “Unión de Pintores y Escultores”, entre los que figuraba Juan O'Gorman, con el fin de conseguir que los artistas participaran de la concepción estética del proyecto general: en la selección de colores que cubrirían los muros exteriores e interiores de los edificios, para determinar la ubicación de “zonas pictóricas” y elegir los temas que desarrollarían en sus obras. Según la propuesta suscrita por la Unión de pintores y escultores, sólo con el trabajo conjunto de artistas y arquitectos se lograría la armonía estética de Ciudad Universitaria. Sin embargo, prácticamente no existió tal acuerdo creador entre artistas y arquitectos pues en casi todos los casos los artistas tuvieron que adaptarse a las formas y espacios creados por los arquitectos. A este respecto el caso de Juan O'Gorman es excepcional porque bajo un mismo punto de vista reunió espacio arquitectónico y creación pictórica.

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