........................................................................................................................Itzel Rodríguez Mortellaro
En nombre de Cristo…han asesinado más de 200 maestros
En 1939, por encargo de la Secretaría de Educación Pública, el artista Leopoldo Méndez (1902 -1969) realizó la carpeta En nombre de Cristo… han asesinado a más de 200 maestros , con siete litografías que evocan igual número de asesinatos de profesores victimados en pequeñas comunidades rurales del país. Esta carpeta, de la que Talleres Gráficos de la Nación imprimió 3 mil 200 ejemplares, formó parte de la campaña oficial de respaldo a la educación socialista, impulsada por el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940).
Las siete litografías de En nombre de Cristo… representan escenas terribles: maestros muertos, agonizantes o en el momento de ser asesinados. Méndez los muestra como mártires modernos de la causa revolucionaria, y a los verdugos como el fatal instrumento del fanatismo religioso. La encarnizada lucha de poder entre la Iglesia y los gobiernos revolucionarios que alcanzó su punto culminante a mediados de la década de los veintes —durante la Cristiada (1926-1929)— seguía provocando disputas apasionadas y enfrentamientos sangrientos en los años del cardenismo. La implantación oficial de la educación socialista en diciembre de 1934 detonó nuevamente la violencia, liderada por un sector del clero y los revolucionarios antirreligiosos.
Educación revolucionaria
Entre 1920 y 1934 se quisieron introducir nuevas corrientes pedagógicas en la escuela mexicana para encaminar la educación a metas afines a la ideología surgida de la Revolución de 1910. Las nuevas propuestas educativas (escuela proletaria, la mexicana, la cooperativista, la racionalista, la socialista), generalmente se pronunciaban contra la influencia de la Iglesia (incluso hubo una propuesta de escuela antirreligiosa en 1932). En el caso de la educación socialista cada quien definía la palabra socialismo de distinta manera, pero se aceptaba en general que era aquella que ponía un énfasis sobre las metas sociales, insistía en la lucha de clases, otorgaba mucho valor al trabajo manual y al método experimental, y atacaba el uso excesivo de libros y la disociación entre la escuela y la vida. La retórica de esta postura educativa proponía una redistribución de la riqueza y la consigna de que el proletariado llegara al poder.
Resistencia a la educación socialista
Cuando se promulgó la educación socialista encontró feroz oposición en distintos grupos de la sociedad mexicana: ciertos intelectuales, cientos de “padres de familia” y especialmente el clero. El clero era el más perjudicado por las orientaciones de la nueva instrucción, ya que limitaba su labor y su injerencia en la educación. La reforma de la enseñanza se dio en un ambiente anticlerical. En los espacios oficiales se hablaba de una “lucha contra la Iglesia y contra el fanatismo” y constantemente se escuchaban declaraciones antirreligiosas. La formación socialista era una secuela de la lucha contra el clero que había comenzado varios años atrás. Así la vieron buena parte de los altos jerarcas del clero y de católicos. Incluso el arzobispo de México, Pascual Díaz, exhortó a los católicos, en 1934, a luchar contra el establecimiento de la educación socialista y llegó a proponer que los católicos sacaran a sus hijos de las escuelas. Los atacantes de la reforma educativa la veían como “doctrina atea, sexual y comunista”.
Desde los primeros gobiernos revolucionarios los maestros se habían convertido en “apóstoles” de las ideas revolucionarias. Los maestros eran un factor básico para la implantación de la nueva educación. En el sexenio cardenista se multiplicaron las Escuelas Regionales Campesinas con el fin de crear maestros rurales con conocimientos prácticos de agricultura y oficios rurales. La labor social de maestro venía de tiempo atrás y el gobierno de Cárdenas estimuló su papel de líder y de defensor de la revolución. En el discurso oficial se le asignó al maestro un rol político. El propio Cárdenas lo expresó claramente:
El maestro rural es el guía del campesino y del niño y debe interesarse por el mejoramiento de los pueblos. El maestro ha de auxiliar al campesino en su lucha por la tierra, y al obrero en la obtención de los salarios que fija la ley .
Los maestros arriesgaban sus vidas al enseñar la educación socialista y especialmente por defender las causas populares. Los caciques y latifundistas de la región los desorejaban y les mutilaban por sus intromisiones en la petición de tierras, en la organización de campesinos y obreros en cooperativas y en sindicatos, y finalmente en la lucha que contra ellos emprendían. Su ateísmo precipitó la violencia en algunos estados del país. Los periódicos publicaban noticias constantes sobre la violencia contra los maestros.
Leopoldo Méndez, artista militante
Leopoldo Méndez, el mejor grabador mexicano del siglo XX, apoyó desde su trinchera artística la labor del maestro porque la veía como una forma de combatir a la reacción. Él mismo había sido maestro de dibujo. Hacia finales de 1922, se sumó a la cruzada educativa iniciada por José Vasconcelos , con otros artistas como Rufino Tamayo Agustín Lazo y Julio Castellanos. En 1929 ingresó como maestro misionero encargado de enseñar dibujo y pintura, de organizar equipos escolares que decoraran sus propios edificios, de fomentar la
valoración de las artes e industrias tradicionales.
Méndez fue un artista militante de izquierda, cofundador en 1937 del Taller de la Gráfica Popular y fue miembro del Partido Comunista Mexicano. Sus protestas artísticas su dirigieron contra los males que identificaba la izquierda de esos años: el imperialismo, el fascismo, el fanatismo religioso y el caciquismo. Su trabajo gráfico siempre asumió un compromiso político y su objetivo fue crear conciencia sociopolítica. Su obra buscaba simultáneamente claridad del mensaje político y calidad artística.
En las litografías de En el nombre de Cristo… Méndez denuncia algo pocas veces expresado: al pueblo en funciones de linchamiento, con crueldad y saña. Muestra machetes, la turba fanática y al pueblo transfigurado y enajenado por el fanatismo religioso. Méndez logra enorme dramatismo, con escorzos complicados, sombreados y el uso expresivo del dibujo. Asimismo, se aprecia una cercanía a la obra gráfica de José Clemente Orozco .
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Fuentes:
En nombre de Cristo…Han asesinado más de 200 maestros, Edición facsimilar, suplemento de Galera. Revista de bibliofilia y arte mexicano. Leopoldo Méndez 100 años, Nueva época, año 4, número 31, invierno 2002.
Leopoldo Méndez 1902 – 2002. Leopoldo Méndez y su tiempo. colección Carlos Monsiváis. El privilegio del dibujo, México, Editorial RM / Conaculta INBA, 2002.
Francisco Reyes Palma, Leopoldo Méndez, el oficio de grabar, México, Conaculta / ERA, 1994 (Galería, Colección de Arte Mexicano).
Victoria Lerner, Historia de la Revolución Mexicana, 1934-1940. 17. La educación socialista , México, El Colegio de México, 1981.