¿Cómo surgió tu última novela, La muerte del filósofo?

Las novelas surgen mucho antes de que uno se dé cuenta. Jamás pensé en escribir algo relacionado con el filósofo Gorgias, hasta que un día leí en un libro de Guthrie que Gorgias había muerto a los 109 años en la corte de Jasón de Féres en el año 369 y me resultó paradójico imaginar a este hombre de más de cien años, muy elocuente y con una sonrisa desdentada; supe en ese momento que quería reproducir la última noche de su vida. El fallecimiento del protagonista es el punto de partida de la novela, y analizo de qué manera los filamentos de su muerte se proyectaron en cada uno de los personajes que lo rodeaban. Primero tuve que imaginar el papel que un hombre así desempeñaba en su sociedad, después analicé todas las fuentes posibles —que iban desde Aristófanes hasta Máximo Planudes— y me alejé de toda la investigación, para que no se convirtiera en un corsé. Después todo fructificó estilísticamente. A raíz de la lectura de los dos únicos textos completos de Gorgias que subsisten —Defensa de Palamedes y Elogio de Helena— , me propuse hacer un análisis sintáctico y semántico, y aunque no hablo griego clásico, tenía muy buenas traducciones, algunas bilingües, que me permitieron darme una muy buena idea del ritmo. En ese momento descubrí que Gorgias utilizaba figuras retóricas muy conocidas —según Filóstratos, Gorgias inyectó una nueva energía al lenguaje griego— y me planteé un reto: transpolar todo eso en una empresa estilística. En ese momento me di cuenta de que ésa era la voz que quería reproducir. Supe que tenía que haber un enorme cuadro de congruencia, gobernado por una perspectiva determinada, por un punto de fuga, por una investigación exhaustiva, pero no condicionante. La diferencia específica en La muerte del filósofo es el lenguaje —de ahí que algunos comentan que el lenguaje es un protagonista— contrapesado con una trama ágil, porque si no, existía el riesgo de caer en una especie de sopor lingüístico. La anécdota muchas veces iba respondiendo al estilo, no a la inversa. Espero que el resultado haya sido digno y que le ofrezca una recompensa al lector, porque si una novela no lo hace se vuelve un artificio, un simple malabar sin sentido, una oquedad... ¿si no hay riesgos para qué carajos escribe uno?

 

¿Desde un plano histórico la muerte de Gorgias realmente fue trascendental?

Sí, tan sólo por los cientos de hombres ilustres a los que formó: Critias, Pericles, Tucídides, Polo, Isócrates, Aspasia, Alcibíades y Agatón, entre muchos otros. La impronta de Gorgias debe haber sido muchísima. Por desgracia existen muy pocas certezas históricas. El testimonio más conocido es el de Platón, que ni siquiera es un testimonio, el Gorgias del que habla, más que un objetivo, es un vehículo para expresar sus propias ideas. Los pocos datos históricos que encontré son los que incluí en el apéndice de mi novela.

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