En el lenguaje plástico, la función de la alegoría es traducir en imagen concreta una idea. Por ejemplo, ¿cómo se expresa pictóricamente un concepto abstracto como la justicia? Mediante la alegoría de la justicia, que en la tradición artística occidental se representa a través de la imagen de una mujer con los ojos vendados que sostiene una balanza en una mano y una espada en la otra. Así una alegoría es una ficción en donde una cosa representa otra distinta.
Es decir, mediante el lenguaje alegórico se “inventa” una relación entre una forma determinada y una abstracción, con el fin de comunicar al espectador un mensaje. Obviamente, para que un espectador pueda “leer” claramente una imagen alegórica, éste debe conocer el significado atribuido a cada figura usada en la representación. En otras palabras, una alegoría sólo será comprendida (o legible) en la medida en que el público que la observa esté “alfabetizado” en el código en que fueron “escritas” esas imágenes.
En el arte, las alegorías expresan ideas sobre la vida o la naturaleza humana mediante símbolos. El arte siempre contiene más de lo que percibe la mirada, incluso en los paisajes. Un cuadro de un valle verde no sólo se refiere al valle si el artista lo realizó como una alegoría. Como alegoría, un valle verde podría representar muchas ideas, por ejemplo, prosperidad o el optimismo por el futuro.
En la mayor parte de la tradición artística occidental (desde la Edad Antigua hasta el siglo XIX), a las alegorías se les ha dado preminentemente una función didáctica o moralizadora que sobre todo se expresa en el arte religioso. Desde la antigüedad se ha creído que las alegorías han de ser un medio que posibilite a todo público el acceso a verdades éticas y religiosas, a través de imágenes que caractericen virtudes, vicios, pasiones y todos los entes morales y metafísicos. Por ejemplo, las imágenes alegóricas fueron fundamentales para la labor de la evangelización americana.
El acervo de alegorías es infinito. Muchas de ellas fueron convenidas o fijadas por la tradición e incluso hay tratados que recogen cientos de ellas, a la manera de “diccionarios de imágenes”. Pero también existe la posibilidad de crear alegorías personales o esotéricas (ocultas), en donde sólo el autor o un grupo reducido de personas conocen el significado de ciertas imágenes y, por lo tanto, de las ideas que representan.