Esther López-Portillo
La sangre es fundamental para la vida humana: sin ella
no podríamos
sobrevivir. Por ello es importante preguntarnos qué tanto sabemos
de esta sustancia, así como las precauciones que necesitamos tener
para cuidar la salud personal y la de nuestra familia. En primer lugar
sería bueno saber si conocemos cuántos tipos de sangre
existen, cuál es nuestro tipo sanguíneo, el de nuestra
pareja y nuestros hijos, y con qué tipos sanguíneos
somos compatibles.

Son
cuatro los tipos sanguíneos: A, B, AB y O. Dicen los especialistas
que si se tomara un grupo muestra de mil personas para practicarles un
estudio que revelara a qué grupo pertenecen, los resultados seguramente
se dividirían de la siguiente manera:
.............
Las personas con sangre tipo A y O, en caso de necesitarlo, podrían
encontrar un donador con mayor facilidad que quienes pertenecen al grupo
B o AB. A lo anterior se suma el Rh que puede ser positivo o negativo.
Por ejemplo, hay personas cuyo tipo sanguíneo es O Rh+, mientras
que otras son O Rh- —lo mismo sucede en cada grupo—. Lo complicado es
que el factor Rh negativo es poco común, y sólo el quince
por ciento de la población mundial lo tiene.


Es muy importante conocer nuestro tipo de sangre,
pues esto nos puede servir para donar o recibir donaciones que pueden
salvar nuestra vida o la de otros. Para saber a qué grupo pertenecemos es necesario
realizar una sencilla prueba de laboratorio; sólo se pincha
un dedo con el fin de extraer una gota de sangre, que es la cantidad
suficiente para ser analizada.

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