Desde el punto de vista cognoscitivo Jean Piaget dice que los niños hasta los 3 ó 4 años tienen dificultades para retomar la perspectiva de los otros cuando no coincide con la propia. Ellos fácilmente tienden a ver las cosas desde su propio interés y no se percatan de que pueden existir otros.

Así en la teoría piagetiana la dificultad que el niño tiene para descentrarse de su propio punto de vista y considerar el de otros o de los objetos que construye, es conocido como egocentrismo. Porque los niños pequeños atribuyen a sus juguetes y a los objetos de su medio ambiente sus propios pensamientos y sentimientos, y sólo después de un proceso paulatino desarrollan la capacidad de empatía y consideran que los otros piensan y sienten diferente.

En palabras del mismo Jean Piaget, en un interesante documento llamado Comentarios sobre las observaciones críticas de Vygotsky (5), donde contesta tardíamente (puesto que conoce el documento años después de la muerte del autor ruso) y lamentando no haberlo conocido antes, por todas las concordancias que compartían. Piaget dice: “He utilizado el término egocentrismo para designar la inhabilidad inicial para descentrar, para cambiar una perspectiva cognitiva dada. Hubiera resultado mejor decir simplemente “centrismo”, pero puesto que la centración inicial de la perspectiva es siempre relativa a la propia posición y acción, digo “egocentrismo” y pongo de relieve que el egocentrismo no–consciente del pensamiento al cual me he referido, estaba bastante desconectado del significado común del término, hipertrofia de la conciencia de sí”.

Y continúa: “Como he tratado de aclarar, el egocentrismo cognitivo se origina en la falta de diferenciación entre el propio y los otros puntos de vista posibles.” (6)

En los últimos años el fenómeno de ubicarse y hacer contacto con el mundo exterior y el proceso que vive el niño para descentrarse de su propio punto de vista y comprender a los otros, es abordado por la llamada teoría de la mente, que estudia el desarrollo de las habilidades sociales que permiten al ser humano adaptarse a su medio y establecer relaciones interpersonales satisfactorias. Esta disciplina abre el conocimiento que tenemos de la mente infantil, a asuntos referentes a la empatía emocional, la comprensión de reglas disciplinarias, el egocentrismo y la capacidad para mentir, entre otras.

Los padres podemos considerar que nuestros hijos transitan de una etapa en la que todo gira a su alrededor y son incapaces de aceptar los límites de los otros, por ejemplo: prestar sus juguetes o esperar su turno en la fila, hasta llegar con nuestra guía a una convivencia plena, en la que sepan exigir sus derechos en consonancia y respeto para con los demás.

La capacidad de mentir, hablar por teléfono sabiendo que el otro no tiene la misma circunstancia, donar algo que le gusta y no sólo cuando no lo quiere. Permitir que otros usen por un tiempo sus cosas sabiendo que son de él, hacer algo por los otros incluso cuando es contrario a lo que quiere, son muestras de que se ha roto la barrera entre su forma personal y única de ver el mundo (egocentrismo) y la actitud de que los otros sientan y ven las cosas diferentes de como él lo hace, e incluso saber que las necesidades no son las mismas pero desea complacerlos a pesar de todo.

 

(5) Vygotsky tiene discrepancias en el término de “egocentrismo intelectual” del niño, aunque reconoce la existencia del lenguaje egocéntrico al que considera como punto de partida del habla interiorizada.

(6) Este documento se encuentra al final del libro de Lev Vygotsky, Pensamiento y lenguaje, México, Ediciones Quinto Sol, p.202.

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