
El video actualmente se considera un híbrido cultural que ha logrado
integrar tendencias forjadas en otros medios como la computadora, y que
está siendo modificado por diversos movimientos artísticos;
por otra parte, su influencia social ha adquirido importancia como medio
de denuncia y documentación, además de su utilización
en el campo del entretenimiento y la educación.
En el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra se
registra con acento en la “i”, es decir, vídeo, pero en el presente
artículo el término se escribirá sin acento por ser
la forma de uso más generalizada en México. 
Etimológicamente, la palabra video proviene del latín video,
vidi, visum; y significa “ver”. Esto en principio parece sencillo,
pero adquiere cierto grado de complejidad al observar que el término
video se utiliza con muy poca precisión, por lo que se presta
a equívocos y generalizaciones diversas.
Originalmente, a esta tecnología de grabación electromagnética
de la imagen visual se le llamó videotape, para diferenciar
la filmación en celuloide tradicional del cine y la transmisión
en directo de la televisión. El videotape o cinta de
video registra tanto imágenes visuales como sonoras; sin embargo, el
término hace referencia sólo al ámbito visual. En
forma rigurosa se le debería llamar audiovideo, aunque desde el
principio se le denominó “video”, porque es ahí donde
radica su novedad primordial.
Además de referirse a la forma de grabación, el término
video se usa para nombrar al aparato que los reproduce; así muchas
personas dicen “me compré una video (videocasetera)”.
Otra acepción muy común es que se llama video al soporte,
la caja de plástico que tiene los cabezales donde se enrolla la
cinta y que puede adquirirse con una película grabada o virgen
para realizar una grabación casera.
Así se nombra con la misma palabra video: al medio de comunicación,
la cámara de registro y grabación, el aparato reproductor
casero, al soporte en forma de casete y a los programas mismos.