Muy bien: pero en lo práctico, ¿qué?

Hay muchas actividades que incluso se podrían convertir en un tesoro. En el saber y en la construcción de nuestra identidad.

  • Por qué no hacer con nuestros niños una recopilación de las recetas tradicionales de la región o de la comunidad. La memoria de aquellos platillos que preparaba la mamá, la abuela o la tía. ¿Puede imaginar la espléndida colección que quedaría para usted, sus niños y niñas?
  • Podrían también hacer un ejercicio de evaluación de esos platillos. De acuerdo con sus ingredientes, ir viendo cuáles aportan más o menos nutrientes e imaginar cómo podría hacerse un menú semanal para ir equilibrando.
  • Considerando ingredientes sueltos, imaginar qué platillo podría inventarse con ellos. Bastaría con hacer papelitos donde se anotaran alimentos de los diferentes grupos y por equipo tomar uno o dos de cada uno. Sería de lo más divertido para todos, constatar cómo algunas combinaciones serían deliciosas, mientras que otras no se le antojarían ni al más hambriento.
  • También es posible organizar un concurso por equipos, donde se premie el platillo más barato, de mejor sabor y tal vez hasta la sencillez de la preparación, como los tlacoyos.
  • Por qué no: puede prepararse una muestra de utensilios usados en la cocina tradicional. Molcajetes, molinos de mano, desgranadores, tortilladoras, comales, cucharas de madera, molinillos y mil cosas más que muchos de nuestros estudiantes ya ni siquiera conocen.

Una última petición. Si las recetas están para chuparse los dedos, compártanlas por favor.

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