Ramón Cordero G.

¿Hablar como carretonero? Vaya usted a saber, en nuestros tiempos es difícil conocer uno de esos legendarios personajes.

.....¿Bromas de cargador? Seguramente habrá de todo, como en botica.

.....¿Lenguaje de verdulera? Caramba, pues con tan pocos académicos de la lengua, seguramente muchos somos los que hablamos con lenguaje florido, cargado de ajos y cebollas.

.....Mi señora madre nunca pudo explicarse en dónde había aprendido tantas y tan malas palabras como para ser —cuando así lo deseaba— un auténtico muestrario de grosería, leperada y barbajanería. Pobre ingenua que minimizó mis capacidades de aprendizaje en el terreno de aquello que los educadores llaman: currículum oculto. Y es que si hay sitio propicio para aprender colaborativamente con los condiscípulos, es justo en la escuela secundaria.

.....Aunque, bueno, habremos de conceder que tratándose de un aprendizaje no formal, siempre es útil y conveniente el estudio estructurado que se basa en los libros. Sí, casi se va de espaldas mi pobre madre cuando ante la pregunta directa: “¿Dónde aprendes tanta vulgaridad?”, recibió una respuesta categórica: ¡Eso lo aprendí en la casa!

.....¿Mi libro de texto? Un fascinante volumen de Picardía mexicana.

.....El número de edición de aquel ejemplar —de propiedad paterna— ha quedado sumido en las sombras del olvido. Tan sólo recuerdo su portada, en la que el color verde chillante de los dibujos contrastaba con el fondo blanco y las líneas negras de los contornos. Aún está presente el olor a papel viejo y corriente, además de la textura de una presentación rústica con “R” mayúscula. ¡Una facha! Como si los bordes de las hojas los hubiese recortado el hocico de un burro ocioso. Guarro de pe a pa y por ello tan divertido.

.....En el ámbito familiar, el libro de marras sería el equivalente de alguno de los libros prohibidos por la inquisición. Ejemplar maldito llegado de quién sabe qué profundidad del infierno. La puerta al otro mundo, el mundo real que existía fuera del ambiente cuidado del hogar familiar. Ahí fue donde supe de la existencia del gallito inglés, animalillo por demás sugerente cuando se le han desdibujado patas, pico y pies.

.....Entrañable libro en el que a una edad más o menos temprana me enteré que no es lo mismo decir: Huele a traste, que atrás te huele; o ver un tubérculo de rosa, que... ver desordenadamente las palabras.

.....Dónde más se podía encontrar una recopilación tan acertada de rótulos en la defensa de los camiones, como ese visto en un antiquísimo armatoste: “Viejito pero muy cumplidor”. O aquel otro que en la parte posterior, retadoramente decía: “A que no me pasas…” y en frente, luego de haberlo rebasado, se leía: “… a tu hermana”.

.....Qué decir de los grafitos —que hoy día se ha generalizado llamarles graffitis— en los sanitarios públicos, y que en su momento compiló A. Jiménez. “Al llegar este momento me pongo a considerar, lo caro que está el sustento y en lo que viene a parar”, o ese otro: “Estimada clientela, se le suplica no dejar morralla sobre el mostrador”.

.....Picardía mexicana recoge todo ese bagaje del habla y la cultura popular de del México de mediados del siglo XX. Material documental que, luego de superar las 130 ediciones, se ha convertido en fuente para los estudios sociológicos, históricos y lingüísticos. Hace varias décadas no hubiese recibido ninguna recomendación que no proviniere de algún oscuro sitio de mala muerte. Hoy es distinto porque testimonia los oficios, la forma de vida en las barriadas, documenta la filología y enriquece la lingüística.

.....Consultando a uno o dos sapientísimos académicos, obtendríamos una lista larga de argumentos válidos para recomendarlo a los maestros. Ahora que, siendo sinceros, el solo buen rato justificaría su lectura.

.....¿Se puede pasar la vida sin haber leído Picardía mexicana de A. Jiménez?

.....Por supuesto que se puede, de hecho la mayoría de la gente puede ver transcurrir la existencia sin la mácula de ésta o de cualquier otra lectura. De lo que no se puede estar tan seguro es que se deba. Más allá de cualquier recomendación, el librito éste se elogia a sí mismo al haber superado la prueba de las reediciones reiteradas a partir de 1960. ¿Cuántos autores pueden presumir esto?

.....¿Qué fue de aquella edición propiedad paterna? Desapareció sin más. Comprensible por la demanda que llegó a tener y la gran cantidad de interesados entre familiares, amigos y parientes. Un préstamo, un robo, vaya usted a saber… Por fortuna es un libro que, dada su vigencia, puede ser encontrado en librerías.

Ficha bibliográfica:

Jiménez, Armando: Picardía mexicana. 60ª edición, México, B. COSTA-AMIC, EDITOR, 2002.