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La entrega del Premio Internacional de Poesía y Ensayo Octavio Paz a José Emilio Pacheco fue un momento luminoso para la cultura nacional, que tanto debe a esos dos nombres. La obra de Paz es ya parte de la cultura universal, en tanto que la de Pacheco ha cambiado la percepción del mundo a innumerables lectores que han podido encontrar su lucidez tanto en la poesía, la narrativa y el ensayo como en artículos periodísticos memorables por esclarecedores. En el acto de entrega del galardón, efectuado antenoche en el auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología e Historia, el presidente Vicente Fox resaltó el papel de los intelectuales y creadores literarios y artísticos en general en el desarrollo de la democracia. El premiado, por su parte, hizo un señalamiento lúcido y sumamente necesario en el momento actual del país: el papel civilizatorio de la lectura y el devastador efecto de su ausencia. "Existe —dijo el poeta— un rasgo común entre el joven europeo que ataca con bombas incendiarias un campamento de refugiados y el muchacho que asalta y viola en los microbuses de esta cada vez más áspera ciudad: no tuvieron la oportunidad de leer, su imaginación y su sensibilidad quedaron muertas. Por tanto, son incapaces de ponerse en el lugar de los demás." En reacciones a las palabras de José Emilio Pacheco —reacciones recogidas en esta edición—, la mayor parte de los escritores entrevistados se mostró, en términos generales, de acuerdo con la apreciación. Sería lamentable que el gobierno actual tomara este señalamiento con un mero asentimiento protocolario. José Agustín señaló al respecto que las autoridades "han tratado de cubrir ese aspecto de una forma absolutamente farisaica, sólo por cubrir el expediente, pero no es algo que entiendan ni les preocupe". La apreciación del novelista es compartida por muchos otros exponentes de las letras nacionales. El impulso a la lectura, la divulgación de la literatura y la apreciación y difusión del arte son tareas civilizatorias fundamentales para el conjunto de las instituciones y especialmente, por supuesto, para las que conforman el sistema educativo. El hábito de la lectura como característica de la sociedad sólo puede lograrse mediante una labor eficaz en las escuelas públicas y, para que esa labor sea posible, es necesario que el Ejecutivo federal y el Congreso de la Unión restituyan la relevancia —política, presupuestal, institucional— del conjunto de las entidades que conforman la enseñanza pública en todos sus niveles, y que dejen de percibir la educación como un mero "expediente a cubrir", como expresa, atinadamente, José Agustín. Finalmente, la sociedad mexicana tiene motivos para congratularse por el premio otorgado a José Emilio Pacheco, por sus apreciaciones siempre lúcidas, por todo lo que ha escrito y por lo mucho que le falta por escribir.
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