Esther López-Portillo

 

 

 

 

Dicen que cada cabeza es un mundo y como mundos diferentes que compartimos en un mismo universo llamado familia, comunidad, sociedad, país y planeta, poseemos ideas diversas —en ocasiones contrapuestas— sobre las cosas de la vida, entre ellas: leer.

Quizá se preguntará ¿Qué duda u oposición puede haber en lo que es leer? Y contestarse, por ejemplo: leer es interactuar con un texto para construir su significado a partir de las experiencias y conocimientos previos que el lector tiene sobre el contenido desarrollado y sobre el mundo en que habita. Alguien más podría decir: leer es seguir con la mirada un grupo de símbolos agrupados en palabras, renglones y tal vez párrafos para descifrar un mensaje y, los últimos, que el lector registra en su mente la información contenida en el texto conforme va leyendo, entonces extrae el significado de cada palabra, lo ensarta con el de la palabra anterior y con el de la que sigue hasta articular un significado general.

Rodolfo Castro, en su libro Las otras lecturas, publicado en la Biblioteca para la Actualización del Maestro (BAM), dice: “La lectura es un acontecimiento inherente a la naturaleza humana, y tan sólo en algunos momentos se vincula al hecho de tener un libro enfrente [...]. Vivimos inmersos en un mundo de lenguajes que nos increpan, nos desafían y nos exigen su lectura. Muchas personas son grandes lectoras, aunque no hayan abierto un libro jamás”. ¿Y eso será posible?, ¿leer sin leer palabras?, entonces, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a la lectura?

Por su parte, Isabel Solé, profesora de la Universidad de Barcelona escribió: “...Desde muy pequeños, los niños y niñas que viven en sociedades como la nuestra experimentan una interacción inespecífica con la lengua escrita, pues ésta se encuentra presente de diversas formas en sus contextos de vida (en los envoltorios de productos habituales, en las indicaciones de las medicinas, en las instrucciones de los juegos, en el supermercado, en los rótulos de las calles, en los diarios y libros). Algunos —desde luego, no todos— viven en familias en las que lo escrito forma parte de lo cotidiano”.

Y en la escuela, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de este tipo de contacto con la lengua escrita? La formación de lectores competentes —es decir, de lectores que sean capaces de leer y también escribir diversos tipos de textos, en distintos soportes— es una prioridad para la educación; académicamente, la lectura cruza el currículo porque es utilizada en todas las áreas de conocimiento, entonces es necesario familiarizar a los estudiantes con los diferentes tipos de textos y, por tanto, estructuras discursivas: narración, explicación, descripción y argumentación, para que desarrollen habilidades de comprensión lectora que les serán útiles en todos los ámbitos de la vida.

Las concepciones del acto de leer pueden cambiar dependiendo del lugar en que nos ubiquemos; es tan amplio el rango que podemos decir que al reconocer la leyenda del cartel de destino de un transporte publico leemos y leemos también cuando tomamos una obra clásica en las manos, una historieta o una revista de divulgación científica. Podemos leer para entretenernos, para hacer una tarea escolar, para aprender más sobre algún tema que nos interese, para llegar a nuestro destino, para utilizar un artefacto o preparar la comida; en fin, el abanico de posibilidades es de lo más amplio.

 

 


Así pues, ¿qué es leer?, ¿qué textos son considerados “adecuados” para el acto de lectura?, si a alguien no le gusta la literatura, ¿no se considera lector? Como docentes, es fundamental conocer la idea que tenemos sobre la lectura y los lectores para interactuar con el grupo. Por eso le proponemos que, antes de dar inicio a la actividad, se pregunte a sí mismo, qué significan estas cosas.

Para empezar revisaremos una serie de artículos y notas breves como: “JEP por la lectura”, de José Emilio Pacheco; “Elogio de la lectura”, de Álvaro Mutis; “Caer en la cuenta de que hay libros”, de José iménez Lozano; “¿Quién define lo que es leer?”, de Gregorio Hernández Zamora; y “Derechos del lector, de Juan Carlos Santaella. Todos estos autores están relacionados, de algún modo u otro, con la lengua escrita, ya sea desde la didáctica, la literatura o el periodismo; los textos presentan puntos de vista encontrados unos con otros.

 

¿Qué le parecieron? Nos gustaría saber si tras conocer estos textos cambió su idea sobre la lectura y los lectores. ¿Está de acuerdo con alguna de las posturas presentadas? ¿Con cuál? ¿Por qué? En sus declaraciones, al recibir el premio de poesía Octavio Paz, José Emilio Pacheco hace dos afirmaciones: una donde compara a los delincuentes mexicanos con los miembros de organizaciones terroristas, y otra donde afirma que quienes no leen están —casi casi— destinados a ser delincuentes, ¿qué opina al respecto? La historia de la humanidad está llena de nombres que tenían tras de sí un cúmulo de lecturas impresionantes: conocían de pintura, música y, aun así, lograron cometer crímenes monumentales.

Por último, ¿cree que las personas puedan dividirse en personas de primera y segunda categoría por el hecho de que practiquen o no la lectura? ¿Cómo haría para evitar dividir a los estudiantes entre quienes leen y quienes no? Ojalá pueda compartir con nosotros y con los demás navegantes su opinión sobre este tema; conocer otros puntos de vista siempre enriquece el trabajo personal y profesional.

 

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Aprender a leer es algo más que seguir las letras ” y “ A conjugar el verbo leer ”.

 

 
   


Bibliografía recomendada:

  Castro, Rodolfo (coordinador): Las otras lecturas. México, Secretaría de Educación Pública, Biblioteca para la Actualización del Maestro, 2003.

 

Fuentes de los textos:

 

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