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Imaginemos
a una antiquísima familia que ya contaba con reses domesticadas.
Seguramente pudieron notar que algunas de ellas producían
suficiente leche para sus becerros y, además, todavía
tenían excedentes como para que pudieran ser ordeñadas.
Es probable que a esos animales se les dedicara más tiempo,
ya que además de la carne que pudieran proporcionar al llegar
al fin de su vida eran capaces de ofrecerles diariamente un alimento
como la leche, que podía complementar la nutrición
de esa gente.
.....La
simple lógica les indicaría a aquellos nuevos ganaderos
que, si había que sustituir algún animal viejo o improductivo,
la mejor estrategia consistiría en conservar alguna hija
de aquellos animales que producían más leche.
.....Ah,
pero con seguridad enfrentaban otros problemas como podía
haber sido la dificultad para ordeñar un animal asustadizo,
de gran tamaño y armado con largos cuernos. Así, pues,
se hizo necesario aplicar otro criterio de selección. Conservar
no sólo las vacas más productivas, sino también
las que tuviesen el temperamento más tranquilo, las más
pacíficas y dóciles. Con esto, además de un
mayor volumen de leche, también la ordeña y el manejo
se hacían más seguros para las personas.
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