Esther López-Portillo

El
río Bravo es una corriente de agua que nace en las montañas
nevadas de Colorado y Nuevo México; de él depende el abasto
de agua y energía eléctrica de aproximadamente trece millones
de personas. A lo largo de su recorrido de mil 455 kilómetros,
atraviesa los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León
y Tamaulipas, del lado mexicano; y Colorado, Nuevo México y Texas,
del lado estadounidense, así como los pueblos nativos al norte
de Nuevo México. El río Bravo desemboca en el Golfo de
México por Tamaulipas. Por su longitud ocupa el lugar dieciocho
en el mundo.
La cuenca del Bravo
es conocida con dos nombres: río Grande del Norte, en Estados
Unidos; y río Bravo, en México. Este río es fuente
de vida no sólo para las poblaciones que lo rodean, sino también
para los ecosistemas que allí se desarrollan. La cuenca del Bravo
es nutrida con aguas tributarias provenientes de los ríos Conchos,
Salado, Sabinas, Medio Bravo, Álamo, San Juan y Bajo Bravo.
En
1845, luego de la derrota en la batalla del Álamo ante Estados
Unidos y tras la firma del tratado Guadalupe Hidalgo, México
perdió los territorios que hoy ocupan los estados de Texas, California,
Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada y Utah; es decir, más
de la mitad de su territorio. Fue así como el cauce del río
Bravo se convirtió en la frontera natural entre ambas naciones.
A diario, más
de 40 mil vehículos y 8 mil personas pasan de un país
a otro a través de los diferentes puestos fronterizos; lo que
convierte a ésta, en la barrera física más cruzada
del planeta. El río también es cruzado a diario por cientos
de migrantes indocumentados —mexicanos, centro y sudamericanos—,
que arriesgan su vida al perseguir el sueño americano, que puede
significar la oportunidad de una mejor calidad de vida para ellos y
para sus familias. Así la frontera también representa
el choque social y el contraste entre México y Estados Unidos.

En
1944 México y Estados Unidos firmaron el Tratado
de Aguas que establece qué cantidad de agua del Bravo pertenece
a México y a Estados Unidos. Para llevar a cabo el control, se
han implementado diversos mecanismos de medición que registran
la cantidad de agua que extrae y reincorpora al cauce cada nación.
Asimismo, el tratado
establece criterios claros sobre la utilización del agua: la
prioridad es el abasto de las poblaciones, le siguen la agricultura
y la ganadería para terminar con la caza, pesca y otros usos
industriales.
En el río
existen dos presas internacionales: Amistad y Falcón, ambas son
utilizadas para el almacenamiento, control y distribución del
agua, así como para la generación de energía eléctrica.
En
este caso, las actividades productivas son también los principales
factores de riesgo. La agricultura es considerada por los ambientalistas
como el primer usurpador de agua del Bravo; la indiscriminada demanda
del recurso para este fin ha provocado una rápida disminución
del cauce. En las laderas del Grande, en Estados Unidos, hay un sinfín
de campos de cultivo, principalmente de algodón, que son fuente
de empleo para los migrantes indocumentados.
Otra gran amenaza
está representada por el Corredor Industrial establecido en la
franja fronteriza de México en 1965. Dicho corredor cobró
fuerza con la firma del Tratado de Libre Comercio, e impulsó
el crecimiento desmedido de maquilas al ver los inversionistas la posibilidad
de contar con mano de obra calificada y barata. Aunque las maquiladoras
han creado más de medio millón de empleos directos, la
sobredemanda de recursos naturales está impactando de manera
negativa al medio ambiente.

Científicos
naturales y sociales de México y Estados Unidos participan en
la Comisión del Río Bravo, que tiene el fin de preservar
los ecosistemas y la cultura de los pueblos que se desarrolla en las
laderas y alrededores del río.
En general la calidad
del agua del Bravo es buena, aunque existen algunos problemas con la
descarga de aguas residuales en diversos tramos. También, en
sus orillas, principalmente del lado mexicano, es posible encontrar
tiraderos de basura que amenazan la vida de las especies y la salud
del río.
Valdría la
pena preguntarnos: ¿De quién depende cuidar al Bravo?
¿Es una tarea de los gobiernos o de cada una de las personas
que, directa o indirectamente, nos beneficiamos con sus aguas?
Ahora, recomendamos la lectura del texto sobre el Río Bravo de la CONABIO.
Leer comentarios