Texto basado en el video: Río Bravo, ILCE-Online Communications, México, 1998 (serie Ríos de México).

Esther López-Portillo


El río Bravo es una corriente de agua que nace en las montañas nevadas de Colorado y Nuevo México; de él depende el abasto de agua y energía eléctrica de aproximadamente trece millones de personas. A lo largo de su recorrido de mil 455 kilómetros, atraviesa los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, del lado mexicano; y Colorado, Nuevo México y Texas, del lado estadounidense, así como los pueblos nativos al norte de Nuevo México. El río Bravo desemboca en el Golfo de México por Tamaulipas. Por su longitud ocupa el lugar dieciocho en el mundo.

La cuenca del Bravo es conocida con dos nombres: río Grande del Norte, en Estados Unidos; y río Bravo, en México. Este río es fuente de vida no sólo para las poblaciones que lo rodean, sino también para los ecosistemas que allí se desarrollan. La cuenca del Bravo es nutrida con aguas tributarias provenientes de los ríos Conchos, Salado, Sabinas, Medio Bravo, Álamo, San Juan y Bajo Bravo.


En 1845, luego de la derrota en la batalla del Álamo ante Estados Unidos y tras la firma del tratado Guadalupe Hidalgo, México perdió los territorios que hoy ocupan los estados de Texas, California, Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada y Utah; es decir, más de la mitad de su territorio. Fue así como el cauce del río Bravo se convirtió en la frontera natural entre ambas naciones.

A diario, más de 40 mil vehículos y 8 mil personas pasan de un país a otro a través de los diferentes puestos fronterizos; lo que convierte a ésta, en la barrera física más cruzada del planeta. El río también es cruzado a diario por cientos de migrantes indocumentados —mexicanos, centro y sudamericanos—, que arriesgan su vida al perseguir el sueño americano, que puede significar la oportunidad de una mejor calidad de vida para ellos y para sus familias. Así la frontera también representa el choque social y el contraste entre México y Estados Unidos.

En 1944 México y Estados Unidos firmaron el Tratado de Aguas que establece qué cantidad de agua del Bravo pertenece a México y a Estados Unidos. Para llevar a cabo el control, se han implementado diversos mecanismos de medición que registran la cantidad de agua que extrae y reincorpora al cauce cada nación.

Asimismo, el tratado establece criterios claros sobre la utilización del agua: la prioridad es el abasto de las poblaciones, le siguen la agricultura y la ganadería para terminar con la caza, pesca y otros usos industriales.

En el río existen dos presas internacionales: Amistad y Falcón, ambas son utilizadas para el almacenamiento, control y distribución del agua, así como para la generación de energía eléctrica.

En este caso, las actividades productivas son también los principales factores de riesgo. La agricultura es considerada por los ambientalistas como el primer usurpador de agua del Bravo; la indiscriminada demanda del recurso para este fin ha provocado una rápida disminución del cauce. En las laderas del Grande, en Estados Unidos, hay un sinfín de campos de cultivo, principalmente de algodón, que son fuente de empleo para los migrantes indocumentados.

Otra gran amenaza está representada por el Corredor Industrial establecido en la franja fronteriza de México en 1965. Dicho corredor cobró fuerza con la firma del Tratado de Libre Comercio, e impulsó el crecimiento desmedido de maquilas al ver los inversionistas la posibilidad de contar con mano de obra calificada y barata. Aunque las maquiladoras han creado más de medio millón de empleos directos, la sobredemanda de recursos naturales está impactando de manera negativa al medio ambiente.

Científicos naturales y sociales de México y Estados Unidos participan en la Comisión del Río Bravo, que tiene el fin de preservar los ecosistemas y la cultura de los pueblos que se desarrolla en las laderas y alrededores del río.

En general la calidad del agua del Bravo es buena, aunque existen algunos problemas con la descarga de aguas residuales en diversos tramos. También, en sus orillas, principalmente del lado mexicano, es posible encontrar tiraderos de basura que amenazan la vida de las especies y la salud del río.

Valdría la pena preguntarnos: ¿De quién depende cuidar al Bravo? ¿Es una tarea de los gobiernos o de cada una de las personas que, directa o indirectamente, nos beneficiamos con sus aguas?

Ahora, recomendamos la lectura del texto sobre el Río Bravo de la CONABIO.

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