.....Los mayores quedaron embelezados por el recuerdo nostálgico; los jóvenes, por la novedosa propuesta que en la realidad y para los tiempos actuales era ya anacrónica. Alguien preguntó si se trataba de teatro para ciegos. Sí y no: más bien teatro para quien está dispuesto a imaginar con la sola ayuda del oído y los recuerdos construidos a partir de las experiencias previas. La emoción del abuelo era tal, que comenzó a platicar de aquellas series casi legendarias que escuchaba en los años mozos: Kalimán, Porfirio Cadena, El ojo de vidrio, Rafles, El ladrón de los dedos de seda, La casa roja, Tres patines y muchas más. Trabajos como los que hacía el escribidor de Vargas Llosa.

.....El género de las dramatizaciones radiofónicas contribuyó para que la radio tuviese su época dorada hacia la mitad del siglo XX, e hizo posible la consolidación de más de una estación. Algunas de las producciones fueron de calidad excepcional y aún ahora son capaces de captar la atención de un público que ha perdido la costumbre de dejarse seducir por los sonidos que parecen llenar —aún cuando no sea así— el resto de los sentidos. Guiones de enorme ingenio y calidad literaria fueron también herencia del radioteatro. Claro: también las cálidas y entrañables voces de aquellos personajes, representados por actores y actrices de la palabra.

.....Sobra decir que la intención de volver a rastrear en el futuro el cuadrante radiofónico quedó como intención familiar. Quién sabe: quizá el momento mágico de convivencia en torno al aparato podría repetirse, aunque el retorno del televisor reparado amenazara con volver a colonizar el espacio del ocio.

.....Lo que sí quedó claro a todos, es que las posibilidades de representación teatral superan la tradicional asistencia a un foro. Alguno de los nietos comentó que, luego de haber escuchado el capítulo, podía explicarse el porqué de la asistencia de un invidente al teatro, acontecimiento que en alguna ocasión le había intrigado.

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