.....Quizá
fue la holganza, tal vez el fastidio, pero poco a poco el aparato fue
convocando a la reunión familiar, como dicen que era en los viejos
tiempos cuando no había televisión. Claro que escuchar
noticias o el parloteo de locutores empeñados en no emplear simultáneamente
neuronas y lengua, motivaban a cada momento la búsqueda de una
nueva sintonía.
.....Por
azar se llegó a una estación desconocida, al menos para
este clan. De la radio salían voces elegantes, expresivas y grandilocuentes.
A punto estaba el hijo menor de manipular nuevamente el dial, cuando
el abuelo pidió un momento de espera para intentar recordar.
.....Con
cierta impaciencia observaban el rostro del venerable patriarca. Él
mantenía la mano en alto a manera se súplica mientras
cerraba los ojos. Deseaba un minuto de espera.
.....El
rostro dibujó primero una sonrisa. Luego daba muestra de la más
exaltada alegría. Había reconocido uno de los programas
que escuchaba en su lejana juventud. Se trataba ni más ni menos
que de un radioteatro. Una vieja grabación que, al parecer, se
seguía reciclando en la programación de la estación.
Seguramente fue la emoción manifiesta del hombre lo que provocó
la curiosidad y captó la atención hacia los sonidos salidos
de la radio. Diez minutos después, la familia en pleno había
sido atrapada por las ondas sonoras.
.....Había
una historia digna de ser contada, actores que interpretaban su papel
como lo hubieran hecho en un teatro de altos vuelos, fondos musicales
que enriquecían el ambiente dramático y hasta era posible
escuchar lo cotidiano: puertas en su abrir y cerrar, los pasos de los
protagonistas y el ruido de las llaves dejadas sobre la mesa.
.....El
sólo sonido había hecho el milagro. Aún con los
ojos cerrados, sin disponer de ninguna imagen real, ahí estaba,
con toda nitidez, un drama en desarrollo. La magia terminó con
la voz que anunciaba para el día siguiente un nuevo capítulo
de la serie a la misma hora y en la misma frecuencia.

