En el siglo XIX uno de los pasatiempos favoritos de las damas ricas inglesas era poner a sus gatos a realizar marcas con harina en cojines de terciopelo que posteriormente se “leían” como ahora se lee el café. Asimismo, a finales de ese mismo siglo, se sabe de un gato japonés llamado Otakki que hizo famoso y rico a su dueño porque su habilidad como “pintor” atrajo multitudes. Del mismo modo, en la década de 1880 la gata estadounidense Mattisa se volvió célebre porque pintaba “retratos” de personas del público que asistía a conocerla.

Teorías del comportamiento estético felino

Las marcas de los gatos comenzaron a interpretarse desde la perspectiva estética en los años 80, en Estados Unidos. En las investigaciones que llevaron a cabo especialistas en arte interesados en el fenómeno postularon que:

  • A los gatos sólo les gusta pintar con pintura acrílica (no aceptan pintar con óleo), cuyo olor es similar al de la orina de los felinos.
  • Algunos gatos pueden agrupar objetos de distinto color, con lo cual se revela una aparente intención colorística.
  • Es probable que los gatos inviertan los objetos para representarlos en sus pinturas, es decir que pintarían los objetos de cabeza.
  • La supuesta “inspiración” de un gato antes de pintar ha sido nombrada como “punto de resonancia armónica” y se reconoce así: el gato mantiene los ojos ligeramente cerrados, ronronea y se mueve suavemente hacia delante y hacia atrás. Casi todos los gatos que pintan permanecen al menos diez minutos en el punto de “resonancia armónica antes de comenzar a trabajar”. Este estado se ha interpretado como una capacidad de percepción de campos energéticos que transmiten cierto poder al gato.

Todas estas apreciaciones acerca de la capacidad estética de los gatos fueron elaboradas por investigadores interesados en ampliar el campo de los estudios de arte más allá del horizonte tradicional. Estas apreciaciones, sin embargo, invitan a polemizar. Mucha gente cree que el estudio del arte felino es una moda sin fundamento serio y que es absurdo atribuirle una capacidad estética a los gatos. En este sentido, vale la pena plantear algunas preguntas ¿Sólo las creaciones humanas pueden ser valoradas estéticamente? Si los gatos no cuentan con la conciencia racional humana ni tienen la intención de crear arte, ¿sus creaciones pueden ser apreciadas desde el punto de vista estético? Y más aún: ¿puede afirmarse que crean obras de arte? ¿Tú qué opinas?

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Fuente: 

Heather Busch y Burton Silver: Why cats paint. A theory of feline aesthetics . California, Ten Speed Press, 1994.

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