Itzel Rodríguez Mortellaro

A lo largo de la historia de la humanidad se ha dado por sentado que el ser humano es la única especie sobre la Tierra capaz de resolver sus necesidades biológicas e instintivas, realizar creaciones con fines religiosos y estéticos, y eventualmente proponerse llevar a cabo obras de arte. Pero a principios de los años 70 se comenzó a tambalear el sobrentendido de que sólo la especie humana puede realizar acciones o creaciones que pueden ser apreciados estéticamente, independientemente de la intencionalidad.

Un grupo de críticos e historiadores del arte propusieron que se ampliara su campo de estudio más allá de las fronteras de la creación humana, pues postularon que también otras especies animales llevan a cabo obras y acciones con valor estético, aunque no cuenten con conciencia racional propia del ser humano ni, por supuesto, tengan la pretensión de elaborar arte según se entiende desde la perspectiva de la tradición de pensamiento occidental.

Las reflexiones acerca de la capacidad estética propia de algunos animales derivaron en la creación de nuevas líneas de investigación en el campo del arte, así como a la fundación de centros dedicados al estudio de la comunicación estética de todos los seres vivos. En este contexto se fundó el Museo de Arte No Primate (MONPA, Museum of Non Primate Art ).

El MONPA

El Museo de Arte No Primate intenta preservar movimientos, marcas y sonidos de las especies animales no primates que los especialistas consideran formas de comunicación estética, es decir que pueden percibirse como bellas. Este Museo cuenta con una organización internacional de investigación que tiene diversas ramas ubicadas alrededor del mundo. Fue fundado a mediados de los años 70 por Peter Husard, conocido historiador del arte y filántropo de los animales. Husard notó que en general había mayor interés por las habilidades artísticas de los primates (en particular los chimpancés), mientras que prácticamente no se prestaba atención a la extensa y variada expresión estética de otras especies no primates. Para rectificar esta situación, invirtió millones de dólares para crear el Museo de Arte No Primate en la mansión Woodstock, ubicada en el estado norteamericano de Nueva York. Aquí reunió un pequeño grupo de investigadores compuesto por zoólogos, historiadores del arte, críticos de arte y biólogos. Sus estudios iniciales analizaban lo que los investigadores consideraban como expresión estética de los topos (los patrones de sus túneles en secciones cruzadas), caballos (pilas de estiércol en forma piramidal) y una variedad de pájaros (formaciones de vuelo como una forma de arte acción.

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