Crecimiento sin planeación

Durante la segunda década del siglo pasado, los desarrollos turísticos se centraron en la demanda del sol y playa, y el mayor porcentaje de los recursos recayó en las grandes cadenas turísticas. Mientras que las sociedades locales receptoras, a pesar de haber sido empleadas en los sectores de servicios de la industria turística, en la mayoría de los casos fueron rezagados a vivir en cinturones marginales en torno a los sitios turísticos. En nombre del turismo se contaminaron distintos recursos medioambientales y se trastornaron valores de identidad cultural.

Puesto que los valores de comodidad se relacionaron con grandes complejos hoteleros construidos con concreto, la oferta turística se basó en transformar los paisajes naturales por paisajes urbanos en el mar o al pie de una montaña.

Se construyeron escenografías culturales de acuerdo a parámetros de la industria fílmica de Hollywood, en esencia, lo “autóctono” se trastornó y pintó con colores que resultaran códigos comunes para un mundo que se industrializaba rápidamente.

Nuevas demandas turísticas

Los segmentos de demanda turística se han diversificado y cada vez tienen mayor demanda: turismo cultural, turismo ecológico, turismo alternativo y turismo rural Los turistas han volteado hacia la necesidad de encontrarse con el patrimonio cultural y natural que representa lo heterogéneo. Demandan ausentarse de las ciudades, de lo homogéneo y de ciertas dinámicas globales para tener un reencuentro con la naturaleza y con expresiones del hombre ajenas a la urbanización. Las artesanías, la gastronomía casera, la arquitectura vernácula, la infraestructura que no lastima la naturaleza y funciona de modo ecológico, son algunos de los atractivos que hoy atraen importantes corrientes turísticas.

Turismo sustentable, una vía para revalorizar lo propio

Pero para que estas nuevas demandas mantengan un turismo sustentable, se ha comprobado que los productos turísticos deben ser gestionados por la sociedad local en función de conservar el patrimonio de la biodiversidad y la diversidad cultural.

En suma, el turismo es más que un movimiento de gente o una industria de aviones, barcos y hoteles. El turismo representa una opción para revalorizar lo propio, reinterpretarlo e intercambiarlo con el otro. Los recursos turísticos son cada vez más diversos; desde una danza para agradecer las lluvias hasta un atardecer a la orilla del mar. El turismo conlleva un encuentro de culturas que promueven el intercambio de “saberes”. El respeto a la diversidad es una arteria para alcanzar un intercambio tolerante entre la gente y entre las naciones.

El flujo turístico que existe en la actualidad es un sinónimo de los procesos de globalización que, tras la apertura de fronteras, motivan el interés por encontrarse con nuevos mundos incrustados en la esencia de lo local.

 

 

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