Misión Calamajué

El jesuita Victoriano Arnés descubrió, en 1764, en una expedición realizada al norte de San Francisco de Borja, la región de Calamajué. En un primer momento le pareció una zona propicia para establecer una misión, debido a la presencia de un ojo de agua. Dos años más tarde se fundó la misión Calamajué que serviría como visita. En el límite del arroyo se construyó una capilla, un almacén y una casa de adobe.

En 1769, un año después de su fundación, la misión tuvo que ser abandonada, pues la alcalinidad del agua no era propicia para el cultivo o la ganadería; esa misión se había establecido sobre una meseta elevada, inhóspita y sin vegetación.

Actualmente lo único que queda de Calamajué son montículos de tierra.