Esther López-Portillo
Introducción

Al término del periodo virreinal, Carlos III , rey de España, estableció diversas medidas con el fin de reorganizar sus Colonias para conservarlas; una de ellas fue la expulsión de los jesuitas no sólo de España, sino también de los dominios en el Nuevo Mundo. Así salieron, en 1768, de las Californias los primeros evangelizadores.
Entonces el rey encargó a los franciscanos continuar con la gestión, administración y evangelización de las misiones establecidas por los jesuitas. Los franciscanos, encabezados por fray Junípero Serra, llegaron a la península en 1768 para cumplir con el mandato del rey quien les ordenó avanzar hacia el norte, construir más misiones y continuar con la conquista de la fe sobre los indígenas.
Los franciscanos emprendieron diversas expediciones y fundaron dos misiones, San Fernando de Velicatá y San Diego de Alcalá, que fue perdida en el siglo XIX como consecuencia de la guerra de México contra Estados Unidos.
En 1770 los dominicos obtuvieron el permiso de Carlos III para colaborar en la evangelización de los indígenas de la península. En 1772 el virrey de Bucareli permitió que ambas órdenes, franciscanos y dominicos, discutieran y acordaran la división del territorio de las Californias.
Según los términos del concordato o acuerdo, los dominicos se encargarían de las viejas misiones jesuitas de la California peninsular, extendiendo sus nuevas conversiones hacia el norte, en dirección a San Diego de Alcalá. Los franciscanos quedaron conformes con el acuerdo, pues según los resultados de sus expediciones, gran parte de la península, por diversos factores, no era adecuada para el establecimiento de misiones.
Así, en 1772, los dominicos llegaron a las Californias y fundaron una cadena de ocho misiones que corría desde San Fernando Veliacatá hasta San Diego de Alcalá: Nuestra Señora del Rosario, Santo Domingo, San Vicente Ferrer, San Miguel Arcángel, Santo Tomás de Aquino, San Pedro Mártir de Verona, Santa Catarina Virgen y Mártir y Nuestra Señora de Guadalupe.
Franciscanos y dominicos continuaron con el sistema de misiones (administrativo, de supervivencia y conversión) establecido por los primeros evangelizadores, los jesuitas. Así lograron desarrollar comunidades autónomas y autosuficientes y llevar a buen término el trabajo de evangelización.
Muchas de las misiones, construidas en la Alta California por jesuitas, franciscanos y dominicos, se han perdido con el paso del tiempo; algunas quedaron en el completo abandono y sucumbieron, sobre todo, por las agresiones climáticas; otras se conservan como iglesias y las más afortunadas sirvieron para el florecimiento de poblaciones importantes. La pérdida ha sido tal que de algunas misiones sólo se conoce el sitio donde se localizaban y de otras sobreviven sólo ruinas.
