Orígenes
Los menonitas adquirieron dicho nombre como referencia a Menno Simonz (1496-1561), un reformador religioso holandés fundador de la secta protestante de los menonitas. Este hombre fue contemporáneo de Martín Lutero, pero no compartió todos sus planteamientos. Los menonitas, como todos los protestantes, surgieron y reaccionaron contra lo que consideraban un abuso de poder por parte de la Iglesia católica y una desviación del cristianismo original.
Menno Simonz negó las creencias que no tienen referente en el Nuevo Testamento, sólo bautizó a los que afirmaban su fe en Cristo; calificó el asesinato, el servicio militar, el juramento y el matrimonio con personas ajenas a su
Iglesia como actos contra la ley. Rechazan los ayunos, la misa, las peregrinaciones, las indulgencias, el purgatorio, la adoración a los santos, la confesión, el celibato del clero, el sistema monástico, el papismo y el bautismo de infantes.
Mientras que en el catolicismo hay modos de limpiar el pecado o adquirir indulgencias para alcanzar la salvación, los menonitas, fundados en el protestantismo, niegan toda posibilidad de llegar al cielo sólo a través del perdón; más bien evitan, entre otras cosas, la ociosidad y dedican su vida a producir y acumular capital. Así también, han colaborado culturalmente en los sitios a los que llegan, introduciendo nuevas formas de cultivo y productos en el mercado.
Vida emigrante
Los menonitas comenzaron su movimiento de reforma religiosa en Holanda, como una rama de los anabaptistas suizos. Pero las persecuciones de la Iglesia católica en el siglo XVI provocaron que los menonitas se vieran forzados a migrar hacia Prusia, donde se les otorgaron extensiones de tierra que aprovecharon para la agricultura. Algunos emigraron a Holanda y otros a Estados Unidos en el siglo XVII. Dentro de los que emigraron a América hay un grupo que se distingue de los otros por conservar más celosamente sus costumbres y vestimentas: los que viven también en México, Paraguay, Bolivia y Canadá, son los menonitas Amish.
Asilo en Rusia
En 1786 los menonitas de Prusia fueron presionados para que tomaran las armas y defendieran las fronteras con el oriente, pero reivindicando su postura contra la guerra emigraron a Rusia. La reina Catalina
“La Grande”, zarina de Rusia les otorgó privilegios para colonizar las tierras despobladas a orillas del Mar Negro. Se les permitió gobernarse por sí mismos, construir sus iglesias y establecer escuelas. Pero fueron hostigados por grupos nómadas que cruzaban la región y se vieron forzados a agruparse en aldeas para tener mayor seguridad. Desde entonces hasta el día de hoy, han vivido de este modo, han construido calles anchas, con granjas individuales; cada construcción está cercada y hay árboles plantados a lo largo de las calles. En el centro de las aldeas están la iglesia y las escuelas.
A partir de este momento todas las comunidades asumieron un aislamiento cultural, por lo que las vestimentas y formas de vida que conservan
se remiten a finales del siglo XVIII y el siglo XIX.
Llegaron a Canadá
Hacia el ocaso del siglo XIX el gobierno ruso hizo obligatorio el servicio militar en toda la población. Los menonitas emprendieron un nuevo éxodo que resolvió el gobierno británico otorgándoles tierras en Canadá. Los británicos buscaban poblar los territorios canadienses y hacer de ellos tierras productivas. A los menonitas se les otorgó la libertad de vivir de acuerdo a sus costumbres sociales y religiosas.
En la segunda década del siglo XX, el crecimiento de las colonias menonitas en Canadá los forzó a buscar nuevas tierras. Así también, al término de la Primera Guerra Mundial se les obligó a hacer reformas en su sistema educativo imponiendo el inglés como idioma oficial.
El sistema productivo de los menonitas provocó que en lugares de Estados Unidos, como Mississippi, Florida y Minesota, que deseaban atraer colonos, se les vendieran tierras. Los menonitas compraron las tierras en Estados Unidos y las volvieron productivas, también cultivaron animales y productos agrícolas que introdujeron a la economía local.
El éxodo hacia el sur
Conforme crecieron las comunidades en Canadá y fueron privadas de mantener su sistema educativo, buscaron una nueva “tierra prometida” que se resolvió comprando tierras en el noroeste de México y en algunas extensiones de Bolivia y Paraguay, así como pequeños fragmentos de Argentina. Los menonitas que bajaron de Canadá a México lo hicieron en ferrocarril y transportaron caballos, carruajes, cerdos, ganado, gansos, pollos y madera para construir sus casas.