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Psicóloga
Irene Martínez Zarandona
El juego de
los niños no es una actividad sin sentido, al contrario tiene
una dimensión plural y definida dentro de su propio desarrollo,
es una conducta innata que se inserta y permanece a través
de toda la vida, incluso cuando ya se es un adulto.
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Los juegos no son todos iguales, a través de la vida los juegos
cambian como lo hace también el proceso del pensamiento, como madura
el cuerpo con el ejercicio y como se enriquece la vida a través
de la adquisición del lenguaje y la simbolización.
El juego de ejercicio lo hace cada vez más preciso, con el juego
simbólico y la palabra convertida en pensamiento, él se
ayuda a comunicarse y expresarse. Con la imitación integra la conciencia
y el legajo cultura de cada sociedad y por último con el juego
colectivo de reglas y constructivo, se inserta en la vida colectiva de
convivencia y el trabajo creativo.
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Cada esfuerzo del niño es un paso en el conocer y el dominio de
sí mismo porque cada impulso se convierte en un haz de conocimientos
y cada conjunto de haces, se torna en un saber y ser mejor en la vida.
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Por eso es necesario
respetar el juego de los niños y permitirles jugar porque así
crecen, conocen y maduran y se vuelven mas seguros. Porque los niños
jugando se hacen adultos y los adultos al jugar vuelven a ser un poco
niños.
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