Jorge
Luis Borges, un autor clásico ya de la literatura hispanoamericana,
explicó, cada vez que le fue posible, que ser invidente no significaba
caer en la total oscuridad, en la negrura absoluta. Aun sin ver logró
leer y escribir a través de los ojos y las manos de otros.
.....La
vista, por ser un sentido avasallador que llena de imágenes,
colores y formas que dimensionan y nos permiten construir el mundo,
hace que los demás sentidos pierdan de algún modo importancia.
¿Cuántas veces nos detenemos a escuchar el sonido de la
lluvia? ¿A tocar con suavidad las texturas de los diferentes
elementos que nos rodean? ¿A respirar tratando de identificar
los olores? ¿A disfrutar con atención e intención
los sabores de lo que comemos o bebemos? En cambio, basta con mirar
un paisaje hermoso o un óleo para que algo comience a crecer
por dentro y nos mueva las emociones, las despierte.
.....Para
quienes vemos, el oído, el tacto, el gusto y el olfato son, por
así decirlo, sentidos secundarios; tanto que quizá nos
resulte difícil imaginar que exista otra forma de apreciar el
arte —en especial las artes plásticas, el teatro o el cine—,
que no sea a través de la vista. Podemos cerrar los ojos y tratar
de imaginar cómo sería el mundo sin ver, pero el acto
resultaría artificial, al final sabríamos que en cualquier
momento podemos abrir los ojos y recuperar las formas, los colores,
las dimensiones, etcétera.
.....Es
entonces cuando vale la pena preguntarnos ¿Con qué opciones
cuentan quienes padecen alguna discapacidad visual para acceder a expresiones
artísticas como el teatro o la danza? ¿Existen lugares
o puestas diseñadas especialmente para ellos? Afortunadamente
sí.
