......Aún no tenía tiempo de asimilar el nuevo cambio o de conocer su flamante apariencia, cuando una sensación ya conocida se repitió una vez más. Ese impulso por retener más aire e inflar su pequeño cuerpo. “Ahí voy de nuevo”, pensó con aburrimiento el insecto. Efectivamente, la cubierta de crisálida volvió a reventar, sólo que ahora tenía patas articuladas y sólo seis de ellas. También había antenas y elitros (esas cubiertas duras que caracterizan a los escarabajos y protegen sus alas).

......Finalmente, a pesar de ser un insecto, siguió su vocación por el estudio. Siendo muy aplicado se convirtió en un escarabajo intelectual. Supo entonces que los de su especie no tienen un esqueleto como el de los humanos, sino que poseen una cubierta dura exterior que cumple esa función. El dichoso exoesqueleto hecho de quitina (un carbohidrato de estructura química compleja) no podía crecer junto con él, por lo que quedaba condenado a mudarlo una y otra vez si quería incrementar su tamaño.

......Quizá fue eso lo que lo consoló de pertenecer al mundo de los artrópodos. Pancho Gorgojo llegó a la conclusión de que si fuese humano, sería bastante más complicado ir por la vida creciendo mientras reventaba camisas, descosía sacos y hacía explotar los zapatos de charol.


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