......Pancho Gorgojo ya comenzaba a preguntarse cómo haría para asistir a una terapia psicológica que le resolviera sus problemas existenciales, cuando notó el primero de los cambios en su aguado cuerpecito. Prodigiosamente, sin necesidad de gel, fijapelo o clara de huevo, esas vellosidades o pelillos con que había nacido, comenzaban a endurecerse con rapidez. Vaya: al menos contaría con un peinado al estilo punk. Ahora sólo haría falta encontrar unos pantalones bombachos y una amplia playera, lo cual sería complicado, ya que no había modelos que fueran para más de dos piernas y dos brazos. Una ventaja tenía esto de las espinas, y era que algún alado predador lo pensaría dos veces antes de intentar convertirlo en su desayuno.

......Pero fue el hambre la que lo sacó de sus meditaciones ociosas sobre la moda juvenil. Como si le hubiesen recetado aceite de hígado de bacalao o algún complemento alimenticio, su estómago le mandaba comer sin tardanza.
El apetito era tan grande que devoró la hoja en la que estaba parado, dejando tan sólo las nervaduras, igual que un espinazo de pescado.

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