......No habiendo ningún adulto responsable a la vista, el pequeño gorgojo —que aún no era tal— decidió que al menos tendría que saludar a los hermanos para fomentar la unión familiar. Segunda gran frustración: no los podía estrujar amorosamente, puesto que carecía de brazos. En lugar de ellos, pudo darse cuenta de que contaba con varias patitas, aunque eso —lejos de tranquilizarlo— hizo que entrara en la más profunda reflexión. Fundamentalmente se preguntaba qué era mejor, si la cantidad o la calidad.

......Luego de un rato tuvo que reconocer una dura realidad: no era persona, sino un insecto. Y lo peor... no un insecto común y corriente, sino apenas una larva de lo que algún día y con mucha suerte sería un insecto adulto. Una triste y miserable oruga que podría ser aplastada por cualquier niño, o comida por algún hambriento pájaro.
 
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