Los prejuicios 

Sería imposible interactuar sin un mínimo de suposiciones acerca del otro, imaginar que partiéramos de cero, sin información, con cada uno de los que nos topamos, sería imposible o una locura. Parte del aprendizaje social consiste en el manejo de nuestro comportamiento frente a los otros y cómo nos ubicamos en cada situación.

Sin embargo, esta facultad de la mente suele hacernos malas pasadas, como la formación de los prejuicios: éstos en principio son estereotipos que se han vuelto rígidos, basados en suposiciones erróneas y fundamentados socialmente con base en intereses ajenos a la situación y las personas. En ocasiones los prejuicios se crearon como respuestas a una amenaza percibida, real o no.

La relación entre estereotipo y prejuicio es muy estrecha: están unidos por el concepto de actitud frente al otro, el cual está compuesto por:

  • El componente cognitivo (lo que sé del asunto).
  • El componente afectivo (las emociones que me suscita).
  • El componente conductual (las acciones que como consecuencia desarrollo).

El prejuicio es el conjunto de creencias y juicios previos de “carácter negativo” con relación a un grupo social. Se dice que hay prejuicios positivos, por ejemplo: “las mujeres son débiles y dulces, por eso hay que protegerlas”. Sin embargo, este tipo de prejuicios realmente encierran una discriminación, y por lo tanto tienen un rasgo negativo.

Así el prejuicio siempre acarrea una discriminación: es la falta de igualdad en el tratamiento otorgado a las personas, en virtud de su pertenencia a un grupo o categoría social, sobre la que existe ese prejuicio.

Hay estereotipos y prejuicios individuales que ayudan a un sujeto a preservar sus valores y hay estereotipos y prejuicios construidos socialmente, que son compartidos y muchas veces fomentados por los medios de comunicación.

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