Los estereotipos entrañan gran número de suposiciones perceptivas: en primer lugar asumen que las personas de cierta clase son semejantes. Sin embargo, muchas veces el estereotipo es una distorsión que pasa por alto otros aspectos y generalmente no toma en cuenta las diferencias.
Pero, ¿qué pasa cuando nos dejamos engañar por los estereotipos? Éstos pueden interferir seriamente en nuestras relaciones con los demás, pues los juzgamos prematuramente acerca de sus sentimientos, ideas, la clase de conducta que un individuo desarrolla, y los juzgamos sólo por un detalle de su personalidad y actuamos conforme a la reacción que aprendimos que debíamos tener frente a estas personas.
Paradójicamente, un problema muy serio respecto de los estereotipos —si no sabemos distinguirlos y se hacen rígidos— es que pueden ser la causa de distorsiones y complicaciones en la comunicación. Un ejemplo común es que al ver un chico con el pelo largo, un adulto diga “éste es un vago y un cochino que no se peina”, cuando no necesariamente es así y lo juzga de antemano sólo por el pelo, aplicándole el estereotipo de jóvenes de cabello largo, sin darse tiempo a conocerlo.
Muchas veces los estereotipos nos juegan malas pasadas. Así identificamos cierto rasgo, lo clasificamos y actuamos de tal forma que el otro, ante nuestra reacción, actúa en respuesta, con la consiguiente confirmación de nuestro estereotipo. Es decir: cuando no le damos la oportunidad al otro de conocerlo o conocernos, podemos acarrear “la profecía autocumplidora”, puesto que nos comportamos de tal modo que despertamos en el otro la clase de conducta que nosotros suponemos que van a tener. En este caso hay un reforzamiento del aprendizaje social, porque la suposición errónea se comprueba conforme a la expectativa.
Un ejemplo de esta situación es si generalmente sentimos ansiedad al interactuar con personas de autoridad y esperamos su rechazo, esa misma ansiedad nos hace actuar de determinada manera, por ejemplo sumisos y torpes, lo que hace que la autoridad nos responda en forma complementaria, es decir, autoritaria y rechazante.
En resumen, los estereotipos son útiles cuando reducen el ruido o la interferencia al inicio de la interacción y nos permiten recibir información que el transmisor intenta comunicar, pero interfieren el canal de la comunicación cuando son rígidos o inapropiados, y hacen esperar algo distinto al mensaje que realmente se está dando; es decir, que nos ofuscan.