Irene Martínez Zarandona

Sinopsis

En su origen, los estereotipos nos ayudan a adaptarnos: son un ahorro de esfuerzo cognoscitivo pero también pueden impedirnos conocer y comprender a los demás si no somos conscientes de que muchos de nuestros estereotipos los hemos convertido en verdaderos prejuicios.

Es la psicología social la que empieza a hablarnos de los estereotipos como un aspecto de la comunicación que nos ayuda a conocer y a relacionarnos con el mundo que habitamos, a partir de ciertas suposiciones. Al conocer objetos y personas los datos quedan registrados en la mente y luego, al presentarse una situación parecida, esa información es reutilizada para no tener que aprender todo de cero: es como un ahorro de esfuerzo mental.

Del mismo modo, ante situaciones sociales nuevas suponemos que el auditorio es semejante a nosotros y que los otros parten de supuestos similares a los nuestros, tienen un marco de referencia igual y por lo tanto deducimos que tienen los mismos valores y perciben las cosas de forma semejante: ¡craso error! Claro que nos equivocamos (salvo contadas y rarísimas excepciones) pero es que, al establecer un contacto, tenemos que suponer algo acerca de nuestro auditorio y partimos de un punto de referencia seguro: ¡el nuestro!

Realmente, al inicio de una comunicación tenemos que contar con un mínimo de información: por ejemplo lo que percibimos del otro, si es hombre o mujer, su edad, su vestuario, su actitud, expresión del rostro, tipo de cuerpo, etcétera, y a partir de ahí hacemos una serie de suposiciones, con base en nuestras experiencias y aprendizajes previos, ya sean adquiridos de primera mano o por conceptos y sentencias que heredamos de nuestros mayores.

Estos principios aprendidos son el mapa con el que nos movemos por el mundo, una especie de molde cognoscitivo útil para acercarnos a los otros. Así la experiencia de un niño con su abuelo, si éste es amoroso y complaciente, de entrada pensará que todos los ancianos son así; a diferencia de un niño que nunca ha tenido la oportunidad de ver a una persona mayor, o ha oído expresiones negativas acerca de los viejos.

Estos moldes cognoscitivos reflejan suposiciones sobre las cosas, las personas y las circunstancias, y es lo que en principio llamamos estereotipos, que son indispensables para poder interactuar en sociedad. Son una especie de camino corto que nos ayuda a ubicarnos frente al otro, un modo de abstraer una serie de características de otra persona o grupo social y organizarlas en una expectativa, que nos da pauta de cómo comportarnos.

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