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Su
mano derecha y la muñeca estaban al borde de la colcha. El brazo
izquierdo parecía extendido diagonalmente sobre la colcha. El
pulgar derecho se ocultaba a medias bajo la mejilla. Los dedos, sobre
la almohada y junto a su rostro, estaban ligeramente curvados en la
suavidad del sueño, aunque no lo suficiente para esconder los
delicados huecos donde se unían a la mano. La cálida rojez
se intensificaba de modo gradual desde la palma a las yemas de los dedos.
Era una mano suave, de una blancura resplandeciente. 2
.....El
análisis que el escritor japonés realiza sobre la sexualidad
y la vejez en la cultura es estremecedor, así como las perturbadoras
contradicciones que plantea: la vejez, la piel arrugada y las pasiones
carnales, frente a la juventud, la piel tersa y la imposibilidad para
saciar las mismas pasiones que durante la mocedad provocaban satisfacción.
La descripción de las bellas durmientes es excepcional, sobre todo
porque, aunque siempre están dormidas, son personajes bien estructurados
y fundamentales para el desarrollo de la historia. El cuento tiene un
final inesperado y turbulento.
.....Es
interesante mencionar que el escritor Gabriel García Márquez
en repetidas ocasiones ha expresado su admiración por la obra de
Yasunari Kawabata, en especial por La casa de las bellas durmientes, situación
que se vuelve evidente en su cuento “El avión de la bella
durmiente” incluido en Doce cuentos peregrinos, porque
retoma algunas ideas.
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