Todo el tiempo escuchamos
hablar de la tarea fundamental que tienen los docentes para incidir
en la construcción de conocimientos, así como de la
necesidad de lograr aprendizajes significativos. Esos son términos
o ideales presentes en la comunicación cotidiana entre colegas,
presentes en la redacción de los documentos oficiales y, por
tanto, en el discurso político; pero, ¿de qué hablamos
específicamente cuando nos referimos al aprendizaje significativo?
Para poder definirlo es necesario reconocer
que para que los estudiantes de cualquier nivel educativo aprendan
el conocimiento, debe estar lleno de significado y sentido; en
otras palabras, debe ser útil y aplicable en diferentes
contextos de la vida. Desde esta perspectiva se reconoce como una
de las principales fuentes de aprendizaje la valoración
de los conocimientos previos, la relación que establecen
con la nueva información y la integración de ambos
que se traduce en aprendizajes significativos1
Es necesario reconocer que un contenido
de aprendizaje será potencialmente más significativo
si el estudiante posee referentes suficientes como para asimilar
la nueva información. |